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Sanción ejemplar

Fue una auténtica prueba de fuerza: de un lado, la primera figura del toreo, Espartaco (con él, César Rincón) y sus posibles influencias; de otro, el personal facultativo y el presidente, dispuestos a no transigir con las pretensiones de los representantes del diestro en orden a la presentación y la edad de los toros. Curro Romero, que encabezaba el cartel, fue el único que dio una auténtica lección de profesionalidad, y avisó que torearía la corrida, incluso mano a mano.Los aficionados exigían una sanción ejemplar a quienes habían hollado sus derechos de espectadores. En el mundillo taurino tampoco agradó el escándalo, que podía afectar a la credibilidad de sus estamentos, si bien quedaban abiertas unas interesantes expectativas respecto a la validez futura de los controles de los veterinarios sobre la aptitud de los toros para la lidia.

La ejemplaridad de la sanción disipa todas las dudas. Los veterinarios y el presidente han visto respaldadas sus actuaciones. Y se da satisfacción a los aficionados, pues queda el precedente de que si se repite un atropello como el de la corrida de la Expo, alguien lo puede pagar caro.

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