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Tranquilidad interior

Renata Tebaldi empezó a sentirse incómoda en la ópera cuando, "después de tantas representaciones de Tosca, tenía que volver a empezar con los ensayos escénicos, las pruebas de vestuario, las pruebas musicales en sala, luego con toda la compañía". "Di mis cuatro últimas representaciones en el Metropolitan en 1972, dos Falstaff y dos Otello, y luego dije basta. Hubiera podido seguir siete u ocho años, sin duda. Pero logré retirarme porque me encontraba en un momento de gran serenidad. Había decidido dedicarme exclusivamente a los conciertos, y para prepararme cogí seis meses sin compromisos, sólo para estudio. En aquel tiempo, estudiando sin prisas, sin viajes, sin preocupaciones por mi voz, descubrí una vida que no conocía y que me gustó. Encontré una mayor tranquilidad interior y decidí dejarlo todo", explica.Luego probó a enseñar, pero desistió. "Me ocurría como en el escenario, que daba todo de mí misma. Incluso me convertía en psicóloga o consejera sentimental de mis jóvenes alumnos, y hay que tener en cuenta que los años pasan", dice.

La televisión -"me gustó mucho el concierto de Caracalla"-, las amistades y los discos son hoy su principal medio de contacto con la ópera. Oye mucho sus propias grabaciones, con su inseparable Tina y de su perro New III, del que guarda un carné de acceso a la zona de artistas del Metropolitan.

Pero oye más cosas.

¿Cómo se llama la misa que ha grabado Carreras, Tina?". "Criolla", se oye a través del pasillo. "Es una grabación estupenda", dice la Tebaldi. "Si quiero estar en el paraíso, la oigo. Carreras tiene una gran expresión, con esos falsetes... Cuando supimos aquí que había decidido cantar Andrea Chenier, estuvimos tentados de ir a decirle: 'Por favor, no lo hagas. Quédate tranquilo, con esa voz tan bella".

De España recuerda su paso por Bilbao y Oviedo, pero sobre todo sus estancias en Barcelona, el fervor de los tebaldistas del quinto piso del Liceo -"en Italia se llamaban tebaldianos"-_ que durante años celebraron misas de aniversario por la mamma, que siempre la acompañó.

Sus personajes son recuerdo permanente . La Traviata fastuosa, la Adriana Lecouvrer elegante y la Tosca apasionada que le llevó a odiar al barón Scarpia. "Tanto, que un día le hice daño a Giuseppe Tadei con el cuchillo, porque me excedí al actuar cuando decía: 'Muori, dannato, muori".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de febrero de 1992