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JAZZ

Alto en glóbulos rojos

Aunque sobre la esencia del jazz cada cual mantiene su propia opinión, al menos existe acuerdo total sobre un punto: no es posible alcanzar su conocimiento de manera exclusivamente académica. Sin embargo, Roy Hargrove y los demás miembros de su quinteto recrean con fidelidad el ambiente de la última época dorada del jazz basándose en sólidos conocimientos adquiridos en centros refinados que ponen a su disposición los últimos adelantos pedagógicos, aunque, inevitablemente, su espíritu diste mucho del de la escuela callejera que forjó el estilo de sus modelos. La última generación de jazzmen parece haber asimilado el bebop, con sus orígenes y sus derivados, como si hubieran mantenido con sus maestros encuentros secretos en la tercera fase.A principio de los años ochenta, el jazz presentaba un aspecto de vegetal triste y lánguido con multitud de ramas desgajadas de su tronco principal. En los noventa, la imagen de partida es. otra debido a que, afortunadamente, no faltan quienes insisten en mantener su cuestionada identidad. Hargrove está por la labor. Toca inmaculadamente con esa punta de brillantez de los trompetistas del pre y pos bop y luce una técnica instrumental deslumbrante que le permite dejarse llevar y, al mismo tiempo, tenerlo todo bajo control. Junto a él, Rodney Whitaker extrae sonidos rotundos, zumbidos nobles y nítidos que empujan sin los alardes de velocidad de los contrabajistas sofisticados. Gregory Hutchinson maneja las riendas de la batería con una sabiduría sorprendente y Marc Cary apunta en todas direcciones sin perder de vista el swing y las claves que mantienen viva la tensión. Antonio Hart, por su parte, es un saxo alto polivalente.

Roy Hargrove Quintet

Roy Hargrove (trompeta), Antonio Hart (saxo alto), Marc Cary (piano), Rodney Whitaker (contrabajo) y Gregory Hutchinson (batería). C. M. U. San Juan Evangelista. Madrid. Precio 1.200 pesetas. 1 de febrero.

Como por ensalmo

El quinteto practica un jazz alto en glóbulos rojos y empieza a funcionar a pleno rendimiento como por ensalmo, con un simple chasquido de dedos. Nadie necesita partituras para recordar lo que debe hacer porque todo está en la memoria. Interpretó, a tempos medios y rápidos, composiciones originales del líder y una balada de Whitaker, Love`s lament, en la que el contrabajista hizo un precioso solo. Milestones aguantó bien un arreglo que descomponía parte de su melodía, para magnificar el contraste con la arrasadora sucesión de solos que siguieron, y la propina, Pinocchio, de Wayne Shorter, fue introducida a la manera de. los documentales sobre jazz: contrabajo en solitario para empezar y batería, piano y demás instrumentos agregándose. Muy apropiado, la música del quinteto podría ser un verdadero documento histórico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de febrero de 1992