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El fiscal pide tratamiento psiquiatrico para las tres acusadas de matar una niña

La casa de Rosa Gonzálvez se convirtió en una cámara de los horrores entre el 15 y el 18 de septiembre de 1990. Mercedes Rodríguez Espinilla vertió ayer ante el tribunal un espeluznante testimonio del asesinato en Almansa (Albacete) de Rosa Fernández Gonzálvez, de 11 años, sacrificada por su madre con la ayuda de la propia Mercedes y de su hermana María Ángeles Rodríguez Espinilla. El fiscal pidió ayer en el juicio el internamiento en un psiquiátrico de la madre de la pequeña, Rosa Gonzálvez Fito, y de María Angeles, y el control médico de Mercedes.

El ritual de exorcismo comenzó tras la cena del 15 de septiembre entre las tres procesadas. Rosa Gonzálvez, la curandera de Almansa, especializada en "poner las manos", comenzó a sentirse enferma y se la llevaron a casa: "Allí Rosa comenzó a hablar como san Jerónimo y luego le cambió la voz y habló como nuestra madre fallecida", declaró Mercedes.El lunes, Mercedes llevó al colegio a los hijos de su hermana, Danile y Merceditas, y a la niña de Rosa, de 11 años. Al regresar a casa de la curandera le abrió la puerta su hermana María Ángeles: "Estaba toda mojada y tenía en las manos un cuadro de la Virgen. Me dijo que pasara". En la casa estaban, además, el padre de la niña, su madre y su abuela.

"Rosa bajó desnuda la escalera y nos dijo que nos quitáramos las prendas negras". Por indicación de la curandera caminaron sobre las baldosas negras del pavimento "para ahuyentar a los espíritus malignos" y entre rezos destrozaron el mobiliario. Al volver los niños del colegio, "les estuvieron metiendo los dedos en la boca hasta que les hicieron sangre". Mercedes se llevó a sus dos sobrinos pero no a la niña Rosa Fernández.

"La espada del mal"

Posteriormente, Mercedes regresó a casa de su vecina Rosa Gonzálvez, donde vio a ésta y a su hermana desnudas en una cama: "Decían que eran Jesucristo y la Virgen y que se iban a casar". Luego, acompañó a las dos mujeres al cuarto de la niña.

"Decían que la espada del mal estaba en la niña. Atrancaron la puerta y estuvieron una hora rompiendo cosas". Al ruido acudieron el padre y una tía de la niña. Rosa la curandera les ordenó que orasen y cantasen tras la puerta.

"Después María Ángeles dijo que le había venido un aborto del diablo y empezó a sangrar por la vagina", siguió la testigo. Lo que era una posible menstruación fue interpretado por la curandera de forma diferente: "Como María Ángeles había abortado, Rosa dijo que su hija estaba embarazada del diablo. Sujetaron a la niña entre las dos y su madre le metió la mano entre las piernas para sacar los engendros del diablo". Mercedes se limitó, según dijo, a "tranquilizar a la niña".

La niña Rosa Fernández murió por un shock hipovolémico por pérdida de sangre causada por la ampliación traumática y manual de la cavidad intestinal, que empezó a romper por el recto, no por la vagina, con la extracción de vísceras, quedando dentro sólo el hígado, el bazo y el estómago, según los forenses.

Cuando el padre de la pequeña pudo entrar y vio la macabra escena avisó a la policía. La tía de la niña fue agredida por Rosa y María Ángeles, que intentaron sacarle los ojos para "devolverle la vida" a la pequeña.

Durante el juicio, que ayer quedó visto para sentencia, se interrogó a Rosa Gonzálvez que dijo no recordar nada. María Ángeles Rodríguez indicó que su memoria se perdía a partir de la noche del 15. Las pruebas periciales continuaron con la presentación del informe psiquiátrico de las tres acusadas, que confirma que actuaron en un estado psicótico agudo con enajenación mental, por lo que los hechos no les pueden ser imputables. Los psiquiatras recomiendan el internamiento de Rosa González Fito y de María Ángeles Rodríguez Espinilla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de enero de 1992

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