Mario Conde propone ante el Papa un nuevo código moral sobre la competitividad

Mario Conde, presidente de Banesto, defendió ayer ante Juan Pablo II que "la eficacia de la libertad de mercado debe estar guiada por valores que preserven la dignidad de los seres humanos, que moderen los efectos indeseables de una competitividad basada en el criterio exclusivo del beneficio". "Hoy es más necesario que nunca un código de valores que vuelva a colocar al individuo en el centro de todos los proyectos económicos y sociales", añadió Conde. Intelectuales, políticos, empresarios y periodistas de todo el mundo debaten sobre capitalismo y ética en el Vaticano.

El presidente del Banesto participó en el coloquio Capitalismo y ética tras 1991, organizado por las revistas Política Exterior y Europa-Archiv, que se celebra en el aula Vecchia del sínodo, bajo la presidencia del cardenal Roger Etchegaray, presidente de Justicia y Paz.El Papa dirigió "un particular saludo al señor Mario Conde por el apoyo ofrecido al Vaticano con la organización del coloquio". El banquero español defendió que "la actividad económica está sometida al juicio moral". "La economía de mercado ha demostrado ser el sistema económico que mejor garantiza el progeso técnico", pero "esto no significa", agregó, "que nos encontremos ante un sistema perfecto", ni que garantice necesariamente el progreso social. Por ello, prosiguió Conde, se precisan acciones correctoras, a condición de "no interferir sistemáticamente en el mercado".

El encuentro Mario Conde y el Pontífice tuvo como marco la exposición El trabajo del hombre en la pintura de Goya a Kandinsky, abierta al público en dependencias vaticanas, y que Juan Pablo II visitó ayer.

Acompañaba a Mario Conde todo el plantel de personalidades que participa en el coloquio citado, entre ellos la ex presidenta del Parlamento Europeo Simone Veil y el ex consejero de Seguridad Nacional estadounidense Zbigniew Brzezinski; el académico Alexandr YákovIev, estrecho colaborador de Mijaíl Gorbachov; el ex presidente de la Comisión Europea Roy Jenkins, y el presidente de la Internacional Liberal y del Partido Liberal alemán, Otto Graf Lambsdorff.

En relación con el Código de Valores Compartidos, Conde ilustró cuál debería ser su contenido con un ejemplo: "El enriquecimiento personal es un móvil básico de la actividad económica" susceptible de ocupar un lugar en dicho código, señalo, "pero en todo caso, no debe ser el único valor aceptado". "Incluso en otras actividades, como el arte o la investigación", prosiguió, "no debería ser el móvil principal. Habría que diseñar un Código de Valores en el que la riqueza nunca sea el único patrón de prestigio y consideración social", agregó.

El presidente de Banesto afirmó que la elaboración de ese consenso axiológico pasa por una reforma estructural que, en su opinión, requiere "una reafirmación de la sociedad civil frente al Estado", demasiado caro e ineficaz como agente redistribuidor, dijo, y demasiado poderoso frente al individuo.

Por parte de la Iglesia intervienen en el coloquio el cardenal Antonio Javierre, bibliotecario de la Santa Sede; el jesuita Sergio Bernal, decano de Ciencias Sociales en la Universidad Gregoriana, y el teólogo Jean Yves Calvez, entre otros. El cardenal Etchegaray señaló que, tras la caída del comunismo, la Iglesia "se plantea la cuestión de si es posible concebir y realizar un régimen en el que competencia y solidaridad no sean nociones antinómicas", ahora que "el capitalismo se siente debilitado por su propia victoria y busca una ética como nunca lo ha hecho".

Crisis filosófica

Brzezinski señaló, por su lado, que la falta de una meta espiritual", la "crisis filosófica" de la sociedad norteamericana, "que convierte la adquisición de bienes en el único objetivo" es el principal lastre para "la única superpotencia", mucho más difícilmente resoluble que su declive económico. Tras señalar el elevado número "de bajas iraquíes y kurdas" en la guerra del Golfo Brzezinski dijo que "la pax americana sólo podrá ser una transición hacia un orden mejor, si sus lemas básicos de mercado y libertades no se convierten en un fin en sí mismos".

Roy Jenkins señaló para concluir que Europa no puede ser simplemente un tránsito "de, camiones y paquetes", sino que hay que construir la Europa "de las mujeres, las religiones, la seguridad y el arte". Lambsdorff, "liberal a la europea y protestante", trazó dos campos de acción: responsabilidad frente a la pobreza y control del desarrollo demográfico.

YakovIev, finalmente, hizo una dramática exposición del carácter moral de la perestroika: "Actuamos con los principios de la honestidad y la sinceridad internacional. Quisimos llegar al respeto de la persona, y esa estrategia ha dado sus frutos. El problema ahora es si seremos capaces de hacer algo nuevo", dijo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 14 de enero de 1992.

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