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DESAPARECE UNA ESCRITORA EN SU PLENITUD

La prematura muerte de Montserrat Roig conmociona al mundo literario catalán

La autora falleció ayer en Barcelona a los 45 años, víctima de cáncer

Barcelona
La escritora y periodista Montserrat Roig falleció ayer a mediodía en la clínica del Pilar de Barcelona, donde se hallaba internada debido a un agravamiento terminal del cáncer que padecía desde hace algo más de un año y que, en los últimos tiempos, había limitado considerablemente sus actividades. La desaparición de Roig, a los 45 años, en su plenitud creativa, provocó una gran conmoción en la comunidad cultural y literaria catalana, en la que la escritora fallecida era una personalidad unánimemente querida y respetada. Fue, hasta el último momento, una escritora infatigable, y ayer mismo un diario barcelonés publicaba un artículo suyo. Novelista, ensayista, periodista y constante defensora de causas feministas y progresistas, Montserrat Roig obtuvo los premios Víctor Catalá (1971) y Sant Jordi (1976).

"No hay nada que te compense tanto como escribir", solía decir Montserrat Roig. Y Montserrat Roig escribió sin parar, hasta convertirse en uno de los valores más sólidos de su generación. Publicó varias novelas, ganó premios literarios, ejerció el periodismo -como entrevistadora, como columnista y como reportera- y no renunció nunca a su militancia contra las dictaduras y a favor del feminismo.Nacida en el Eixample barcelonés el 13 de junio de 1946, Montserrat Roig i Fransitorra era hija del también escritor Tomás Roig 1 Llop, a quien recordaba encerrado siempre en su despacho, rodeado de libros. La sexta de siete hermanos, manifestó así una vez la razón por la que empezó a escribir: "Para que se fijaran en mí, para que los demás supieran que yo existía".

Vino después el colegio de monjas, su intento de hacer teatro -llegó a matricularse en el Adriá Gual- y la carrera de Filosofía y Letras, sección de Románicas, en la Universidad de Barcelona. Francisco Candel la recuerda todavía cuando, en 1964, a sus 18 años, iba a dar clases a los niños de las chabolas de MontJuic. En sus años universitarios se intensificó su militancia antifranquista y se despertó su conciencia feminista.

Como estudiante participó, en 1966, en la famosa caputxinada, como se conoció a la asamblea constituyente del Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona, en el convento de los Capuchinos de Sarriá. Fue un momento clave en su vida. "Yo no soy hija del Mayo del 68", dijo, "porque soy hija de la caputxinada y de los ideales de la República".

Se licenció en Filosofia y Letras en 1968 y redondeó sus estudios con unos cursos de doctorado en la Universidad Autónoma, junto a uno de sus maestros, el catedrático Joaquim Molas.

Sus primeros trabajos estuvieron vinculados al catalán y a la literatura. Fue redactora de la Gran Enciclopédia Catalana (1968-1971) y del Diccionari de Literatura Catalana (1971), y ejerció como profesora de Lengua Catalana por la Diputación de Barcelona.

Nacida en la posguerra

En 1969, fue becada para ampliar estudios en la universidad italiana de Perusa, y en 197 1, con su primer libro de narraciones -Molta roba i poc sabó (Edicions 62)- ganó el premio Víctor Catalá. En este primer libro describe, con una técnica realista y psicológica, la generación universitaria nacida en la posguerra. Este mismo ambiente se reflejó en su primera novela,- Ramona, adéu (Edicions 62), que publicó un año después.

Entre los años 1970 y 1973, se encargó de la sección de crítica y literatura catalana en el diario TeleExprés, del que pasó a ser después colaboradora habitual. Más tarde pasaría dos años en Inglaterra (1973-74) como lectora en el departamento de Español de la Universidad de Bristol.

Colaboró en las siguientes revistas en lengua catalana: Serra d'Or, Oriflama, El Pont, Preséncia, L'Avenç, Els Marges, El Món, Cavall Fort, El Temps y en el diario Avui. También colaboró, en lengua castellana, en Destino, Mundo, Cuadernos para el Diálogo, La Calle y Jano. En el periodo 1974-77, escribió una columna semanal en Mundo Diario y formó parte de la redacción de las revistas Arreu, Triunfo y Vindicación Feminista. En EL PAÍS publicó casi una veintena de artículos entre 1979 y 1989.

Sus entrevistas en Serra d'Or fueron recogidas en libro en Retrats paralels, de los que aparecieron tres volúmenes en Publicacions de l'Abadia de Montserrat (1975, 1976 y 1978).

En 1976, Montserrat Roig consolidó su fama literaria con la consecución del Premio Sant Jordi de novela con El temps de les cireres (Edicions 62). En 1978 le fue concedido el Premio Serra d'Or de la crítica a su reportaje histórico Els catalans als camps nazis (Edicions 62), en el que recogía el testimonio de los supervivientes para reconstruir una historia olvidada. Es autora también de la biografía Rafael Vidiella, Paventura de la revolució, publicada por Laia en 1976.

Para TVE realizó los programas Personatges, Los padres de nuestros padres y Búscate la vida. Para TV3 realizaría un programa de entrevistas, Liders.

Las novelas L'hora violeta (1980, Edicions 62) y L'ópera quotidiana (1982, Planeta) -que seguían su tónica de reflejar en el título conceptos temporales y musicales- se añadieron a su trayectoria como novelista y la consolidaron como uno de los valores más sólidos de su generación. En 1983, Montserrat Roig, se hizo cargo de tres colecciones editoriales en Grijalbo y fue invitada a la Unión Soviética para escribir un reportaje sobre Leningrado, que publicó con el título de L'agulla daurada (Edicions 62).

En castellano publicó, además de las traducciones de sus libros en catalán, los ensayos ¿Tiempo de mujer? (1980) y Mujeres hacia un nuevo humanismo (1982). En 1987, la publicación de La veu melodiosa (Edicions 62) -primera novela tras cinco años de paréntesis- supuso un cambio de registro en su literatura, su paso de la crónica de realidades conocidas a un territorio más simbólico.

Siguió Barcelona, a vol d'ocell (1987), en colaboración con el fotógrafo Xavier Miserachs, y, en 1989, el volumen de narraciones El cant de la joventut. Su último libro, publicado este mismo año, es Digues que mestimes, encara que sigui mentida (Edicions 62), una última reflexión sobre el hecho de escribir y una mirada a sus conflictos internos. Era el punto final en lo que a libros se refiere, aunque no dejaría de enviar su columna al diario Avui.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 1991