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A peor

La Feria de Bilbao va a peor año tras año y en la presente edición ha alcanzado extremos de auténtico bochorno, que no pudo tapar el triunfalismo a ultranza con que se monta el ciclo, tan importante décadas atrás.En esta feria salen los toros más derrengados que puedan verse en todos los cosos del país, y no pasa nada pues ocupa el palco un presidente con habilidad de prestigitador para manejar los pañuelos, y cambia tercios, ordena que toque la música, concede trofeos tan oportunamente, que convierte en triunfalismo lo que tiene apariencia de fraude.

Hay en Bilbao una afición excelente, documentada y con gusto exquisito, pero tan escasa que ni se advierte entre la masa que acude al coso, deconocedora de la lidia hasta en lo más elemental. Y esto favorece también el montaje triunfalista de la feria. Este público pide música para faenas hechas a base de trapazos, aclama desarmes, ovaciona bajonazos, la invalidez de los toros le deja indiferente y si salen íntegros -como también ha sucedido en la feria; para diestros modestos, naturalmente-, no parece apreciar la diferencia, o acaso semejante novedad le trae sin cuidado. A lo mejor todo esto es lo que les conviene a quienes manejan la feria.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de agosto de 1991