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El aumento de muertes de ancianos por el calor desborda los tanatorios

En una jornada normal mueren en Madrid entre 70 y 80 personas. El pasado jueves, esta cifra alcanzó su segundo punto máximo de la historia, con 125 fallecimientos. El 91% de los muertos tenía más de 80 años. Los tanatorios municipales se desbordaron, los funcionarios no pudieron cubrir todos los servicios y 53 óbitos no fueron atendidos.

En la tarde del pasado jueves, la habitual placidez que se observa en los tanatorios se transformó en dramatismo tanto en el de la calle de Salvador de Madariaga, junto a la M-30, como en el que se inauguró el pasado miércoles junto al cementerio Sur. Simón Viñals, concejal de Sanidad, explicó que esta circunstancia especial fue provocada por el "aumento extraordinario de las temperaturas". El edil aportó como ejemplo la comparación entre la temperatura media de los primeros días de julio de 1990 (26,4 grados) con las medias de este año (38,8 grados).Los fallecimientos ocurridos el 15 y el 16 de julio, tanto en 1990 como en 1991, varían entre 80 y 90. Pero 17 de julio pasado se llegó a 109, 46 más que el año anterior, y el 18 de julio murie ron 125 personas, 52 más que en 1990. La cota más alta de óbitos en un solo día se fijó el 25 de enero de 1990, con 131.

El 91%, ancianos

Viñals señaló a los ancianos como los más afectados por estas temperaturas extremas, porque el calor complica las patologías cardiovasculares, circulatorias y las insuficiencias respiratorias. El director de los tanatorios, Francisco Yáñez, apuntó que el 91,25% de los muertos del jueves tenía entre 80 y 100 años.El edil se felicitó por la "afortunada agilidad en la construcción del nuevo tanatorio, porque sin él, dijo, "no habríamos podido atender tantos servicios". El pasado jueves se ocuparon las 26 salas del tanatorio de la M-30, donde además se añadieron 12 mesas mortuorias. En el nuevo edificio se llenaron 30 cámaras. Aun así, 53 cadáveres no pudieron ser trasladados y tuvieron que permanecer en sus domicilios o en hospitales.

La falta de personal desató el conflicto con los familiares de los muertos. Los 150 funcionarios que permanecían en sus puestos esa tarde acabaron agotados. La plantilla, compuesta en total por 780 personas, es habitualmente suficiente para realizar sus tareas. El jueves no sucedió así.

Los traslados hasta el tanatorio, que se realizan en una hora llegaron a acumular entre tres y cuatro de retraso. El comité de empresa tuvo que llamar a personal que se encontraba de vacaciones o que ya había acabado su turno. Se incorporaron 90 personas. Yáñez, que ha agradecido a los trabajadores su comportamiento, destacó: "El jueves, la gente pedía colocar a sus muertos en un féretro, con las velas, pero a las dos o tres horas, cuando el cuerpo empezaba a descomponerse, sobre todo en los medicados, querían una cámara". En los tanatorios no se suelen presentar reclamaciones. El jueves se rellenaron 12.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de julio de 1991

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