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Dos millones de neoyorquinos y 6.000 kilos de confeti reciben a los vencedores de lrak

Nueva York convirtió ayer la recepción oficial a las tropas vencedoras de la guerra del Golfo en un espectáculo indescriptible, gráficamente descrito por su alcalde, David Dinkins, como "la madre de todas las bienvenidas". Dinkins no exageró. Una multitud, calculada por la policía neoyorquina en más de 2,5 millones de personas, se congregó a lo largo de una milla (1,650 kilómetros) de recorrido para aclamar a las tropas norteamericanas y de los 17 países que enviaron efectivos a la coalición antiiraquí, que entre ellos España, y que durante cuatro horas desfilaron por el Broadway neoyorquino.

A la muchedumbre congregada en las calles se unió otro millón de, personas que, desde las ventanas y terrazas de los edificios, bombardeó a los participantes con toneladas de confeti multicolor, serpentinas amarillas, color que simboliza la ausencia, y cintas de teletipo perforadas.

Una vez más, el variopinto cóctel de razas que puebla la ciudad de los rascacielos respondió en masa a la invitación de su alcalde, David Dinkins, el primer negro que ocupa el puesto, y se volcó en las calles para expresar ruidosamente su alegría por el regreso de las tropas y demostrar, al mismo tiempo, su gratitud a los países que apoyaron con hombres y unidades a la Operación Tormenta del Desierto.

El desfile se inició a las 11.30 de la mañana, hora local (seis horas más en España), en el comienzo del famoso Broadway neoyorquino, en la punta de la isla de Mahattan, y terminó cuatro horas más tarde en la calle Worth, situada a escasa distancia del Ayuntamiento de la Gran Manzana.

Nueva York se inventó hace años un nombre expresivo para bautizar el trozo del Broadway por donde discurren desde hace más de 70 años los ticker-tape parades (textualmente, desfiles de cinta de teletipo). El nombre es el Cañón de los Héroes, y por él han recibido el homenaje popular, desde la primera parada conmemorativa del fin de la Primera Guerra Mundial, políticos y militares como Grover Cleveland, Dwight Eisenhower y Douglas MacArthur, personajes que capturaron en su momento la imaginación de los neoyorquinos, como el aviador Charles Lindberg y el astronauta John Glenn, o líderes extranjeros, como Nelson Mandela.

El Cañón de los Héroes

Ayer, 24.000 norteamericanos, de los que 12.000 participaron directamente en la campaña del Golfo y el resto eran veteranos de los conflictos principales en los que Estados Unidos ha intervenido en este siglo y representantes de las diversas etnias que pueblan Nueva York, marcha ron por el Cañón de los Héroes para recibir el homenaje de los neoyorquinos, que gritaban incesantemente: "lu es ei", correspondientes a la sigla USA.

El paso de las tropas multinacionales de los 17 países que en viaron efectivos al Golfo estuvo precedido por el desfile de las respectivas banderas nacionales, cada una de ellas portada en un jeep por un militar norteamericano.

España estuvo representada por la Marina, el arma que participó con tres navíos de guerra en las operaciones de bloqueo a Irak. La delegación española, encabezada por el capitán de navío Francisco Rapallo, jefe de la agrupación naval destacada al Golfo, estuvo compuesta por el abanderado del buque escuela Juan Sebastián de Elcano, que portaba la enseña nacional, escoltado por cuatro guardiasmarinas, y a continuación, una sección de marinería de la corbeta Descubierta, uno de los buques extranjeros que han participado en el Día de las Fuerzas Armadas norteamericanas el pasado día 6.

Antes de desfilar los españoles, lo hicieron los miembros de la Legión Extranjera francesa y un nutrido contingente de los tres servicios militares británicos, entre los que se encontraban los Ratas del Desierto, el legendario regimiento que participó en la batalla de El Alamein.

Los tres arquitectos de la victoria del Golfo, el secretario de Defensa, Dick Cheney; el presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, general Colin Powell, y el comandante supremo de la Operación Tormenta del Desierto, general Norman Schwarzkopf, iniciaron el desfile en coche descubierto. La multitud aclamó a los tres, pero se volcó especialmente con su paisano, el general Powell, un nativo del Bronx neoyorquino, hijo de emigrantes jamaicanos y primer hombre de color que ocupa el máximo cargo militar de EE UU.

Tanto Cheney como los generales Powell y Schwarzkopf fueron abucheados ayer por un pequeño grupo de manifestantes durante la celebración de un oficio religioso de acción de gracias celebrado en la catedral protestante de San Juan el Divino. Una persona no identificada, y que fue detenida inmediatamente por la policía, increpó a Schwarzkopf al grito de "asesino" cuando el general leía un trozo de La Eneida durante el servicio religioso.

Durante el desfile, y según cifras facilitadas por los organizadores, un total de 6.000 kilos de confeti multicolor y 6.000 toneladas de cinta perforada fueron lanzados sobre los participantes en la parada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de junio de 1991

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