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Un cementerio nuclear y cinco centrales, saturados de residuos de baja y media actividad

El cementerio nuclear de residuos de baja y media actividad de El Cabril (Córdoba) y los almacenes temporales de este mismo tipo de residuos de las centrales nucleares de Zorita, Garoña, Vandellós I, Almaraz I y Ascó están al borde de la saturación, según el último informe semestral elaborado por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), con fecha 31 de diciembre de 1990. Una portavoz del CSN admitió ayer que desde 1989 la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa) no ha presentado ningún plan de residuos, a pesar de que la ley le obliga a hacer planes anuales.

El informe semestral realizado por el Consejo de Seguridad Nuclear señala que la central nuclear de Vandellós I (Tarragona) tenía a finales de 1990 en sus instalaciones residuos nucleares de baja y media actividad que superan el 100% de su capacidad. Le seguía la central de Aseó, con un 92,78%; la de Zorita (Guadalajara), que tenía sus almacenes temporales ocupados hasta el 87,13%; la de Almaraz I, con 82,63% y, finalmente, la de Santa María de Garoña (Burgos), con un 79,86% de sus almacenes ocupado. La situación en las plantas I y II de Aseó ha variado durante estos cuatro meses, según fuentes del CSN, por traslado de parte de los residuos a El Cabril. En la actualidad, los almacenes de estas centrales se encuentran al 62,18% y al 43,61% y la estimación de saturación según el CSN se aleja hasta el año 1994.El resto de las nucleares españolas presentaba una situación menos comprometida. Todos estos datos, a los que han tenido acceso los miembros de la Asociación Ecologista para la Defensa de la Naturaleza (Aedenat) y que han sido confirmados a este periódico por fuentes del CSN, forman parte del informe del segundo semestre de 1990 elaborado por el CSN, enviado a la Comisión de Industria del Congreso.

Aedenat y la organización ecologista vasca Eki han advertido que "de seguir el ritmo de producción y almacenamiento de los últimos dos años se produciría un colapso antes de terminar el año 1992".

Mientras tanto, los responsables de Enresa y del Ministerio de Industria confían en que las obras de ampliación del cementerio nuclear, autorizada por Industria el 31 de octubre de 1989, solucionen parte del problema. A finales del año pasado estaban concluidas las actividades de excavación, parte de las pantallas de la zona de almacenamiento y del labora torio, así como el encofrado de los muros de la construcción principal, según señalaron ayer fuentes del CSN, que no se atrevieron, sin embargo, a dar una fecha para la finalización de las obras. En una memoria de Enresa dedicada a la ampliación de El Cabril se señala que hasta 1992 no estarán en funcionamiento las primeras estructuras operativas.

Planta de compactación

La paralización de la única planta de compactación de residuos radiactivos de pequeños productores está agravando la situación de saturación, según los ecologistas. "Esta instalación se encuentra en las dependencias del CIEMAT, en Madrid, y fue cerrada cuando un trabajador resultó contaminado con americio mientras trabajaba", denuncia Eki en un comunicado de prensa.

Una portavoz del CSN admitió a este periódico que Enresa y el Ministerio de Industria y Energía están incumpliendo el artículo 4 del Real Decreto 1522/84 de 4 de julio, por el que están obligados a elaborar planes de residuos anualmente: "Es cierto que desde 1989 no se ha realizado ningún plan de este tipo por parte de Enresa". Para las organizaciones ecologistas Adenat y Eki "esto se debe a la absoluta incapacidad demostrada por Enresa a la hora de definir una política de residuos". Ambas organizaciones ecologistas denunciaron "la práctica seguida por algunas de las centrales nucleares, sobre todo las más antiguas, de almacenar residuos radiactivos sin embidonar. Se trata de piezas grandes procedentes de obras en la central.

Ante esta situación, el director general del Instituto para la Conservación de la Naturaleza (lcona), Santiago Marraco declaró a Servimedia que es contrario a la energía nuclear mientras no se resuelva el probleina que genera el almacenamiento de los residuos. "Yo soy de profesión ingeniero", dijo, "y por lo tanto en principio tengo que creer en la técnica. El problema es que no se sabe qué hacer con los residuos de las centrales nucleares, muchos de los cuales tienen vida por encima de los 25.000 años".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de mayo de 1991

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