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Editorial:

Consulta necesaria

LA DECISIÓN del Consejo de Seguridad de la ONU de celebrar en el plazo de un año el referéndum que decida la suerte de la antigua colonia española del Sáhara occidental es el resultado de un largo esfuerzo diplomático que, sorteando obstáculos de no pequeña monta, debe llevar a una solución acorde con el derecho internacional. Ello permitirá superar una situación basada en el simple uso de la fuerza. Cuando España decidió -en condiciones dramáticas ligadas a la muerte del dictador Franco- abandonar el Sáhara, cedió la administración del territorio a Marruecos y Mauritania, nunca la soberanía, ya que el pueblo saharaui debería determinar por sí mismo su destino. Marruecos interpretó la cesión española con elasticidad, considerando que había recuperado un territorio que le pertenecía por razones históricas. De esta contradicción ha nacido el largo conflicto que protagonizó el Frente Polisario, defensor de la independencia de la república saharaui.El voto unánime del Consejo de Seguridad -en cuyo trasfondo está la aceptación de la resolución por el Frente Polisario y por Marruecos- abre la perspectiva concreta de realizar la consulta con el control de la ONU y, por tanto, con garantías de que el pueblo saharaui decida su destino sin riesgos ni sospechas sobre la limpieza del proceso. La decisión del Consejo ha sido posible gracias a las concesiones hechas por las dos partes en litigio. Las del rey Hassan II son particularmente importantes: las dos opciones tendrán formalmente iguales posibilidades. Quizá el obstáculo de mayor entidad que aún puede malograr el referéndum radique en la oposición obtusa de los socialistas y nacionalistas marroquíes, que, con una visión electoralista, desean instrumentalizar en beneficio de su lucha contra el monarca alauí.

La concesión principal del Frente Polisario consiste en aceptar el mantenimiento de la administración y de unos efectivos militares limitados de Marruecos en el territorio. Si en el plano teórico el referéndum puede considerarse como un éxito indudable de la posición mantenida por el Polisario, en cambio parece obvio que las condiciones concretas de su celebración -por importante que sea la presencia de la ONU- otorgan a Marruecos razones serias para pensar que el resultado le será favorable. Cabe pensar que, incluso en esa eventualidad, la población saharaui que se halla actualmente desplazada en los campos de Argelia podrá volver a sus hogares, y que, una política generosa por parte del rey de Marruecos permita una reconciliación efectiva. En cualquier caso, una de las piezas clave del proyecto será la elaboración del censo electoral.

El conflicto del Sáhara ha acarreado graves complicaciones internacionales, con riesgo de implicar a las grandes potencias. Que ahora la ONU tome medidas operativas para resolverlo es una demostración más del nuevo papel que está asumiendo en la escena mundial. España, por su parte, ha manifestado oficialmente "su satisfacción" por la resolución de las Naciones Unidas. Ello es lógico. Su política, rechazando las presiones para que refrendase la situación de hecho creada por Marruecos, ha sido decisiva para que, al Final, la ONU pueda cumplir su misión, finalizando con ello un complejo proceso de descolonización que se inició con la retirada de las tropas españolas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de mayo de 1991