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Entrevista:

"En España siempre se espera lo peor"

Aparece 'España y su mundo', del autor de la biografía del conde duque de Olivares

A John H. Elliott, inglés de Reading, de 60 años, actual regius professor de Historia Moderna de la Universidad de Oxford, la pasión de España le ha llegado tan hondo que ya habla de los problemas españoles en primera persona del plural. Biógrafo del conde duque de Olivares y apasionado del Siglo de Oro español, es un hombre que ha reflexionado sobre la grandeza y la decepción de la España imperial. A ese mundo ha dedicado la mayor parte de su actividad como investigador. Y muestra de ese trabajo es el volumen de ensayos España y su mundo (1500-1700), que acaba de publicar Alianza Editorial. En su despacho de Oxford habló de ese libro y dijo que el fracaso hizo a los españoles demasiado autocríticos y pesimistas: "Y la obsesión por el fracaso es perturbadora para el porvenir".

Pregunta. Este libro, España y su mundo, nos introduce en cierto modo en la historia de un descubrimiento y de una decepción ¿Cuál es la biografía de este libro?Respuesta. Yo no soy muy partidario de publicar en forma de libro los ensayos y los artículos que aparecen en revistas especializadas y profesionales. Pero algunos amigos me insistieron en que tendría cierto interés ver en un solo tomo una selección de estos trabajos. Luego vi que tal vez había más coherencia en los ensayos como obra de conjunto que lo que había pensado en un principio, y estimé que en forma de libro podían ofrecer una impresión de mi trayectoria como historiador, casi desde mi primer artículo sobre la rebelión de los catalanes, que publico aquí, hasta los últimos sobre la Corte de los Austrias y el arte de la propaganda en la España del siglo XVII. Para dar más coherencia al tomo lo dividí en secciones y puse al principio de cada una de ellas una pequeña introducción que explica cómo me encontré con el tema y los problemas que supuso, de forma que se dedujera de ambas actitudes tanto la naturaleza de los asuntos como la propia personalidad del autor. Hasta cierto punto, pues, ha salido una especie de autobiografía personal y profesional, sin que sea, por supuesto, una autobiografía en sentido estricto.

P. El libro nos introduce de nuevo en un tema muy español: el descubrimiento y la decepción. Aunque usted en un momento determinado no le concede demasiada importancia a esta frase, porque proviene de un hombre cansado, sí podría ser un punto de referencia para reflexionar sobre esa actitud española. La frase es del conde duque de Olivares y dice: "Fuera más poderosa España si hubiera menos aquel Nuevo Mundo".

R. Es una frase que me fascina. Desde luego, es la frase de un hombre agotado. Pero para mí demuestra una ambivalencia, desde el principio, en la actitud de los españoles ante en el Nuevo Mundo, en el sentido de que el Nuevo Mundo da prestigio, poder, riqueza, a España, pero desde los primeros años del descubrimiento hubo también una corriente de crítica entre los españoles ante lo que estaba pasando. Fue creciendo con las obligaciones del Imperio el desengaño con las consecuencias del Descubrimiento. Ese desengaño se hace mucho más fuerte en el momento en que se entra en la gran crisis económica de finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, cuando empieza a decirse que la riqueza ha dado la pobreza y se pone en evidencia la paradoja de tener mucho y no tener nada. Por eso los arbitristas, que son apasionantes en los enfoques de lo que estaba pasando, intentan hablar de la auténtica riqueza, que es la riqueza creada por la comunidad y no importada de las Indias, e insisten en que España, por culpa de las Indias, tiene una visión deformada de lo que es la auténtica riqueza, que es el fruto del trabajo de sus ciudadanos. Para mí, en esa frase el conde duque está recogiendo algo de esta corriente de crítica hacia el impacto de América sobre la sociedad y la economía españolas.

P. ¿Usted cree que en el carácter de los españoles había cierta incapacidad de reflexión y que lo que el Conde Duque pedía era ensimismamiento después de la aventura, para volver a descubrir la posible esencia española?

R. Desde luego. Es una corriente de pensamiento que se encuentra en Quevedo, por ejemplo, y que pregona el regreso a una España preimperial, una España idealizada, por supuesto, de la Edad Media, una sociedad mucho más sencilla y poseída de los grandes virtudes militares de disciplina, de auténtica religión, valores corrompidos por la riqueza que venía de las Indias. Era una llamada a los españoles del siglo XVII para que recordaran a sus antecesores medievales para imitarlos en vez de caer seducidos por el oro y la plata de América.

Fracaso

P. Hay constantes referencias suyas, en su libro, a la época del fracaso y la decadencia política, pero con la misma frecuencia usted recuerda que aquél fue el tiempo del Siglo de Oro. ¿Es característico que en periodos de decadencia se produzca esta floración de calidad intelectual y artística?R. A mí me parece bastante característico. Cuando la gente venidera piense por ejemplo en la Inglaterra del siglo XX, tal vez señale en primer lugar a Henry Moore, a Francis Bacon, a los grandes actores del siglo XX, y es muy posible que siempre haya una relación entre la decadencia económica y las posibilidades de avances culturales. Algo pasa con las generaciones: la primera construye un imperio, la segunda lo gobierna, la tercera generación, harta de lo que han hecho sus antecesores, quiere su propio modo de vida. Es el síndrome que se ve en la famosa obra de Thomas Mann sobre los Buddenbrook. En la tercera generación ya se ha establecido la riqueza para fomentar las artes sobre todo si esa generación vive en una sociedad monárquica en la que el rey es el mecenas, como ocurrió en el siglo XVII español El mecenazgo es fundamental para la vida cultural en una sociedad como ésta. Así que entonces hubo el deseo, el dinero y la élite. Lo que siempre en estas condiciones es mas problemático es si hay o no grandes creadores artísticos. Gracias a Dios hubo una gente en España como Velázquez, como Quevedo o como Calderón. Eso es lo que no se puede predecir nunca, que haya gente de esta talla. Pero sucedió así en España, y por eso esa combinación de las posibilidades de mecenazgo y los grandes artistas permitió que se produjera una Edad de Oro.

P. En su papel en el mundo, ¿cómo le afectó a España esa derrota histórica que se produjo después del descubrimiento? ,

R. Cada sociedad posimperial tiene que hacer unos ajustes psicológicos muy difíciles. No es nada fácil adaptarse a un mundo en el cual uno no es ya el número uno. Por eso lo que pasa en primer lugar es que se produce muchísima introspección colectiva. Y eso es lo que ocurrió en la España de los siglos XVII y XVIII. La gente se preguntó sobre lo que le había ocurrido a la sociedad, adónde habían ido a parar las grandezas de antes. Eso pasa igualmente en la Inglaterra actual. En la sociedad española se empezó a pensar si esos defectos, en apariencia endémicos no tendrían algo que ver con la raza. Esa suposición llevó a un tipo de metahistoria que no tiene gran sentido ni gran relación con la realidad histórica, porque lo que se aprecia en aquella época histórica es que los defectos no eran privativos de España: había más semejanzas que diferencias entre la España de los siglos XVI y XVII y los restantes países europeos de Occidente en ese momento. Pero los españoles del siglo XIX y principios del XX, buscando siempre las causas del fracaso, han insistido en características que identifican con un pecado exclusivamente español. Eso ha producido una deformación de la historia de España. Hay que olvidar esa obsesión por la decadencia, porque hay otros problemas igualmente interesantes en la historia de España.

P. ¿Por ejemplo?

R. Por ejemplo, cómo sobrevivió ese imperio durante tantos siglos, más siglos que el imperio británico, desde luego. Cómo se organizó el imperio. Cuáles fueron sus grandes hazañas administrativas. Y no se ha insistido lo suficiente, a mi modo de ver, en las realizaciones de los españoles, porque ha habido demasiado hincapié en el fracaso.

Autocríticos

P. ¿Nos hizo más autocríticos el fracaso a los españoles?R. El fracaso hizo a los españoles demasiado autocríticos. Lo que a mí me choca es que, a pesar de que van las cosas bastante bien en España, según me parece, la reacción siempre resulta pesimista en su país. Siempre se espera lo peor en vuestra sociedad. Ésa es la reacción automática a tres siglos de escaso o a lo que se ve como fracaso. Esa actitud negativa ante lo que ha sucedido como adivinación de lo que puede ocurrir es un poco peligroso en una sociedad.

P. En ese contexto, y aunque no es la misma época, ¿usted cree que también fue exagerada la reacción de los intelectuales ante el desastre del 98?

R. Desde luego. Hubo grandes problemas, pero todos se contemplaban metidos dentro de este mismo planteamiento pesimista. Siempre estaban pensando en el desastre. Ahora sabemos más que antes, y ya se va valorando de una manera más positiva lo que hizo la España del siglo XIX. No todo fue tan catastrófico como se solía decir.

P. Levántenos la moral con algún ejemplo.

R. La creación de una burguesía con mucho talento, desde luego. Hubo una España muy creativa hasta el principio de la guerra civil. Eso me parece una creación de aquella sociedad. La guerra civil la paró de una forma desastrosa y ahora empezamos de nuevo, gracias a Dios.

P. Al principio de su nuevo libro usted habla de que se ha abierto ahora una nueva etapa para España. ¿Tienen los historiadores capacidad para fijar, aunque sea contemporáneo suyo, un hecho que a su juicio marque una inflexión en la historia?

R. Teóricamente los historiadores debemos tener capacidad de investigar en lo que está pasando porque tenemos una perspectiva más larga con relación a los acontecimientos. Ahora bien, no somos profetas. Por ejemplo, entre los historiadores de España, tanto dentro como fuera del país, no puedo pensar en ninguno que hubiera profetizado la transición tan espléndida y tan rápida a la democracia y a la Monarquía constitucional. Acaso los historiadores olvidaron otros ejemplos: si hubieran pensado en otras guerras civiles, como la inglesa del siglo XVII, hubieran apreciado más el cansancio de una sociedad después de un largo conflicto, que genera un gran deseo de evitar los enfrentamientos. Claro que hay momentos claves: los años 89 y 90 han sido dos grandes momentos alrededor de los cuales gira toda la historia de una civilización con el derrumbamiento definitivo del comunismo y la liberación de los países del Este de Europa. Eso significa un cambio total. Y tenemos que empezar de nuevo a partir de estos hechos que son claves en la historia europea.

Repensar

P. Usted dice con frecuencia que hay que repensar la historia. ¿Qué hechos oscuros deberían ser repensados en España?R. Hay cosas que no se han estudiado bien. Por ejemplo, queda mucho por hacer en la historia del pensamiento político. José Antonio Maravall hizo grandes cosas, pero no ha tenido, por lo general, muchos seguidores. Está bastante abandonada la historia del pensamiento político en España.

P. ¿Por qué?

R. No sé. Muchas veces depende de la personalidad. Porque no es un defecto de los españoles no poder entender la historia de su pensamiento. Es que no hubo un gran maestro, aparte de Maravall, y yo no se por qué no tuvo más seguidores. Acaso la guerra civil contribuyó a romper esa tradición de volver sobre el pensamiento político. Es una carencia importante. La nueva generación de historiadores españoles, que promete muchísimo, han trabajado, y muy bien por cierto, en la historia económica y social, que es la moda del momento. Lo que hay que hacer es relacionar ahora toda esta historia económica y social con lo que está pasando en la política para reintegrar la historia de España desde todos estos puntos de vista. Esto me parece imprescindible y será una gran tarea para la próxima generación de historiadores españoles.

P. Su obra sobre el Conde Duque ha supuesto un éxito editorial insólito para un libro de esa naturaleza. ¿A qué se debe el éxito, a su manera de escribir la historia?

R. Para mí, escribir la historia es tratar de entender lo que estaba pasando a base de los hechos de cuya relación se tienen datos de primera mano, y penetrar dentro de una época para entender la mentalidad de los grandes actores de su tiempo, etcétera. Y después de averiguar todo ello, uno tiene que hacer sus hallazgos accesibles al público, porque si uno escribe un libro para media docena de profesionales, el libro cae muerto desde el principio.

"El Quinto Centenario llega en un momento delicado"

John H. Elliott queda impresionado cuando visitó México: el hombre que había construido México y que al mismo tiempo lo había destruido, Hernán Cortés, no tenía allí ninguna estatua de ningún signo.Pregunta. ¿Usted cree que es imposible cicatrizar la herida abierta en México con Hernán Cortés?

Respuesta. Nunca es imposible cicatrizar heridas de este tipo. Pero es un proceso largo y duro. Se entiende muy bien que una sociedad mexicana, con su población india y mestiza que consiguió su propia unidad con muchas dificultades a finales del siglo XIX y durante el siglo XX tenga que criticar a los conquistadores, desde luego, por las muchas atrocidades que se cometieron, y que ha de ejercer esa crítica para mantener esa unidad. Pero para mí la madurez de una sociedad reside precisamente en la capacidad de superar estas perturbaciones psicológicas y llegar desde ahí a un nivel más alto. Yo confío en que los mexicanos, que son un, gente maravillosa, serán capaces de superar esto. Por esto es una pena que el quinto centenario se produzca en este momento: las conmemoraciones dan nueva vida a las memorias y hacen más difícil para estas sociedades de América Latina enfrentarse con su propio pasado sin exagerar en ciertos puntos e idealizar en otros. Todas las sociedades lo hacen. Éste es un momento sumamente delicado. Yo creo que hay ahora mucha más madurez que antes, se ve que en cierto sentido se empieza a desmitificar la América Latina. Pero pienso que el quinto centenario va a parar un poco este proceso de curación.

P. Y usted, ¿qué dice de nuestra relación con América?

R. Como historiador, es nuestra profesión buscar, intentar equilibrar, pero sin dejar de ejercer con dureza la crítica de aquellas atrocidades cometidas por los españoles durante la colonización. No me gusta utilizar palabras emotivas, como genocidio, por ejemplo, porque la catástrofe demográfica se produjo en gran parte por culpa de las epidemias. Ahora bien, no debemos borrar estos hechos horrorosos que pasan en cada conquista. Hay que pensar también en la obra creadora de España. A mí me impresiona mucho la fundación de las ciudades, los intentos por parte de la Corona, de proteger a los indios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de marzo de 1991

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