Crítica:CINECrítica
i

Retorno al pasado

Hay, al principio de esta película, una imagen clave que permanece en la memoria: es un plano general fijo, largamente mantenido, de un hombre de más de 70 años -interpretado por el sobrio y estupendo Jason Robards-, avanzando con paso decidido, a través de un corredor interminable, al reencuentro de un pasado angustioso que ha tratado de borrar de su mente durante décadas. Hans Strauss es un ciudadano estadounidense de origen judío que, sólo después de 55 años de ausencia, cuando ya ni siquiera recuerda su propio idioma, se atreve a visitar su ciudad natal, Stuttgart, para hacerse cargo de los bienes de su familia, fallecida durante la Segunda Guerra Mundial.El reencuentro del amigo comienza y concluye en la época actual, mientras que el grueso de su metraje es un largo flashback en el que se narra la historia de amistad entre los dos jóvenes, competentemente encarnados por los británicos, Christian Anholt y Samuel West en su debú cinematográfico.

El reencuentro del amigo (Reunion)

Dirección: Jerry Schatzberg. Guión: Harold Pinter, basado en la novela de Fred Uhlman. Producción: Francia-Alemania-Reino Unido, 1989. Intérpretes: Jason Robards, Christian Anholt, Samuel West, Françoise Fablan y Maureen Kerwin. Estreno en Madrid, cine Pompeya.

Jerry Schatzberg -director de películas tan poco estimulantes como Pánico en Needle park, El espantapájaros o El reportero de la Calle 42- se ha limitado en esta ocasión a trasladar a la pantalla, de forma escrupulosa y eficaz, aunque no demasiado imaginativa, un excelente guión de Harol Pinter, donde el dramaturgo británico retorna algunas de sus obsesiones favoritas -la memoria, el paso del tiempo- a partir de la novela Reencuentro, de Fred Uhlman.

A excepción de algunos desafortunados Insertos en blanco y negro, que no aportan nada a la narración, El reencuentro del amigo describe la evolución de los personajes y su contexto histórico con trazos rápidos y seguros, que captan los detalles sin caer en el cliché y el subrayado, y dan al relato el mismo tono ágil, seco y contundente que caracteriza los diálogos. El resultado, sin ser ninguna obra maestra, mantiene el interés debespectador y se deja ver con agrado.

La película se beneficia, además, de un equipo multinacional de lujo, en el que, aparte de Pinter y del director de fotografía Bruno de Keyzer, destaca de forma especial el trabajo del genial Alexandre Trauner.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 27 de febrero de 1991.

Se adhiere a los criterios de