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GUERRA EN ORIENTE PRÓXIMO

La guerra obliga a aplazar la cita Bush-Gorbachov

La URSS continúa apoyando la acción militar de EE UU y el resto de la coalición aliada en la guerra del Golfo, pero el conflicto produjo ayer la primera víctima diplomática al forzar un aplazamiento de la cumbre que los presidentes George Bush y Mijaíl Gorbachov debían celebrar en Moscú en febrero. James Baker, secretario de Estado norteamericano, anunció, tras una entrevista de más de una hora entre Bush y el nuevo ministro de Exteriores soviético, Alexandr Bessmértnik, que la cumbre se celebraría en fecha a determinar "en los primeros seis meses del año".

"La guerra impide que el presidente Bush se ausente de Washington en los momentos actuales", dijo Baker, quien añadió que los dos jefes de Estado habían decidido, "de mutuo acuerdo", reprogramar su cumbre para otra fecha dentro del actual semestre. Los acontecimientos en las repúblicas bálticas en las últimas semanas fueron cuidadosamente obviados en el anuncio.Las razones oficiales ofrecidas por los dos Gobiernos para el aplazamiento fueron el conflicto del Golfo y los obstáculos de última hora que han surgido en las conversaciones START para la reducción de armamento estratégico. Bush y Gorbachov tenían previsto firmar en la cumbre, que debía haberse celebrado entre el 11 y el 13 de febrero en Moscú, un acuerdo de reducción del 30% de los arsenales de misiles de largo alcance de las dos superpotencias.

A cambio de no mencionar la represión soviética en las tres repúblicas bálticas, que, según Baker, fue tratada en profundidad durante sus dos conversaciones previas con Bessmértnik, la URSS continuó ofreciendo su apoyo a la guerra contra Kuwait. "La URSS y EE UU están totalmente de acuerdo", contestó Bessmértnik cuando se le preguntó si había alguna fisura en la posición soviética de apoyo a Washington.

Antes de entrevistarse con el ministro soviético, Bush había manifestado que, a pesar de los bombardeos masivos de la aviación norteamericana y aliada contra objetivos iraquíes, Estados Unidos no deseaba "la destrucción de Irak".

Advertencia a Siria e Irán

En una velada advertencia a los países de la zona, principalmente Irán y Siria, respecto a eventuales ambiciones territoriales sobre Irak al final de la contienda, Bush volvió a repetir la doctrina oficial de Washington sobre la seguridad y estabilidad en la región del Golfo.

"Tenemos un gran respeto por el pueblo de Irak, así como por la importancia de Irak en la región", dijo. "No queremos que el resultado de la guerra produzca un país tan desestabilizado que el propio Irak se convierta en un blanco para la agresión", añadió.

Bush trató de dar seguridades y de contrarrestar la propaganda, tanto de Bagdad como de Teherán, de que Washington perseguía fines hegemónicos en la zona, y aseguró que, "una vez que la pesadilla de la ocupación de Kuwait termine, las tropas norteamericanas dejarán la región". Y subrayó: "No buscamos nada para nosotros".

Las teorías de la guerra justa expuestas por Platón y Cicerón, primero, y ampliadas luego por los escolásticos, san Ambrosio, san Agustín y santo Tomás de Aquino, fueron puestas por Bush al servicio de la guerra del Golfo. "El primer principio de una guerra justa es que se produzca al servicio de una causa justa. Y nuestra causa no puede ser más noble: la liberación de Kuwait... La guerra justa es aquella en la que se combate por razones morales y no egoístas. Y yo afirmo que el uso de la fuerza para impedir la violación, el saqueo y la destrucción de Kuwait es moral", manifestó Bush.

Entretanto, la máxima preocupación que ocupaba ayer las mentes de los estrategas políticos y militares norteamericanos era la incógnita no despejada del continuo goteo de aviones de la Fuerza Aérea iraquí hacia aeropuertos del vecino Irán.

Según un portavoz militar norteamericano en Riad, el general Pat Stevens, a primera hora de ayer, el espionaje aliado había detectado 69 aterrizajes de aviones iraquíes en territorio iraní, 39 de ellos, de unidades de combate, y 30, de transportes militares y civiles. Fuentes del Ejército británico elevaban la cifra de aparatos llegados a Irán en más de 100.

El jefe supremo de las fuerzas aliadas, general Norman Schwarzkopf, manifestó el domingo que Estados Unidos "se fiaba" de la palabra dada por Teherán de que los aviones iraquíes serían retenidos hasta el final de la guerra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 29 de enero de 1991

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