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Una declaración transatlántica

El presidente George Bush, por un lado, y el primer ministro italiano, Giulio Andreotti, que encabeza durante este semestre el Consejo Europeo, y el presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors, suscribirán a principios de semana en París una solemne declaración transatlántica que pretende dar un marco e institucionalizar las relaciones entre la CE y Estados Unidos.

La Administración del presidente Bush, que se entrevistará en la capital francesa con casi todos los líderes europeos que acudan a la cumbre, empezando por el soviético Mijaíl Gorbachov, consideraba oportuno poner al día las relaciones con sus aliados transatlánticos tras el deshielo en el Este. Canadá también adoptará en París una Declaración similar a la concluida entre Washington y los Doce.

El documento transatlántico es difícil. La CE insiste, a diferencia de EE UU, en adquirir un mayor compromiso verbal con los países del Tercer Mundo y hace hincapié en la necesaria "estabilidad financiera mundial", mientras Washington prefiere hablar de equilibrio económico.

El caso de Albania

La cumbre que empieza mañana será, probablemente, la última de la CSCE en la que un Estado europeo y soberano, Albania, no participe como miembro de pleno derecho sino como mero observador. Tirana, que firmó a finales de octubre, con los demás países balcánicos, un texto que reafirma los principios democráticos que inspiran la CSCE, no ha presentado su candidatura.

A las tres repúblicas bálticas que han presionado en vano para obtener en París un tratamiento similar al conseguido por Albania, les encantaría ser de la CSCE cuando se celebre en Helsinki la próxima cumbre de la organización. Respaldados por sus vecinos escandinavos, Estonia Lituania y Letonia hicieron lo posible por acudir a París. E grueso de los occidentales no desea interferir en la negociación entre el Kremlin y las re públicas bálticas tratándolas como a Estados soberanos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de noviembre de 1990