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Crítica:FOLCLOR
Crítica

Descarga de ida y vuelta

Cuarenta músicos y bailarines en escena, procedentes de Cuba y Mozambique, ofrecieron en Madrid un espectáculo conjunto a través del cual demostraron que la música es un camino de eterno retorno. Organizado por la Sociedad Estatal Quinto Centenario -que con esta actuación inauguró un ciclo que fusiona músicas étnicas, flamenco con percusionistas latinos, jazzistas de diferentes procedencias y guitarristas clásicos-, el objetivo era evidente: demostrar la relación entre dos músicas y dos culturas que se basan en la funcionalidad y que mantienen una conexión tan estrecha que, en definitiva, se funden en una misma cosa. Y la demostración fue palpable.Tanto el Conjunto Folclórico Nacional de Cuba como el Conjunto Nacional de Cantos y Danzas de Mozambique mostraron cómo en las sociedades tradicionales de origen africano la música y el baile se organizan alrededor de los acontecimientos sociales y rituales. Las danzas procesionales, actos ceremoniales, cánticos sagrados y homenajes a la naturaleza interpretados por el grupo cubano se mezclaron con las danzas guerreras, actos de trabajo, cánticos amorosos e invitaciones a la fiesta realizados por los mozambiqueños.

Cuba + Mozambique

Cantos y danzas de la etnia bantú con el Conjunto Folclórico Nacional de Cuba y la Compañía Nacional de Canto y Danza de Mozambique. Precio: 1.500 y 500 pesetas. Aforo: 1.000 personas. Teatro Nuevo Apolo. Madrid, del 9 al 11 de octubre.

En actuaciones independientes -sólo compartieron escenario en un breve fin de fiesta-, las dos agrupaciones urbanas enseñaron que, aunque la música inseparable de los acontecimientos sociales no tiene necesariamente una unidad formal, las raíces no varían a pesar de que procedan de diferentes etnias (shangan y makonde en el caso mozambiqueño).

La actuación de los cubanos -basada en cantos y percusiones, desde sus orígenes africanos hasta el nacimiento de su música propia- y de los mozambiqueños -con la percusión y el xilófono característico de las orquestas timbila como fundamentos de una música que más tarde fusionaría elementos bantúes, árabes e incluso latinos- dejó las cosas bien claras. El sentido de la polirritmia como vía hacia la catarsis colectiva y, sobre todo, la tremenda energía vital incorporada a la música y la danza constituyeron los anclajes comunes de las dos agrupaciones, arrastraron al público hasta el punto d hacerle olvidar su inhibición para subir al escenario a bailar y confirmaron el poderío de la música de raíz africana con una tremenda descarga de ida y vuelta.

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