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Tribuna:

Nudos

Un nudo en el estómago, durante toda la semana he tenido un nudo en el estómago. Apareció el lunes aprimera hora, cuando vi a un niño con una tartera a la espalda camino del colegio. Estrenaba vaqueros, camisa, miedo, y compartía con lo adultos que salíamos a ganarnos la vida el frío matinal de estos último días de septiembre. Quizá sabía y que el infierno son los otros, y llevaba un susto pequeño en la mirada El año empieza ahora, no cuando dice el calendario; el año, o lo qu sea esta sensación de estrenar li vida, comienza con el curso escolar con la caída de la hoja, con el frío También para los adultos es ésti una época difícil; miedos antiguos dominados por la voluntad o la costumbre, se trenzan entre sí hasta formar un nudo de angustia que comprime lo que los forenses llamar el paquete intestinal. En esta fecha el paquete intestinal nos pesa tanto como a los niños la cartera. Para combatir sus efectos, fumamos como locos, tomamos docenas de cafés, nos compramos ropa o bebemos más whiskys de lo habitual. No sabemos qué hacer con la existencia y al temor de nuestros hijos a acudir al colegio, a crecer, es un espejo que nos devuelve una imagen desvalida y triste de nosotros mismos. El adulto es un ex niño, decía Paul Hazard, y nada más que un ex niño. Por eso me sorprende la visión utilitaria que tenemos ele la infancia y de la adolescencia. En nuestra sociedad un niño no tiene ningún valor en sí mismo: o es un proyecto de adulto o no es nada. De esa negación nos pasarán factura un año de éstos. El lunes pasado el ministro de Educación en una entrevista radiofónica decía, junto a la frase progre de que a la escuela no se va a sufrir, el disparate de que se iba a aprender cosas útiles para el día de mañana. ¿Qué les enseñan para el día de hoy? ¿Es que hoy no son? ¿Es que sólo nos sirven como proyecto de ingenieros, médicos o drogadictos?En fin.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de septiembre de 1990