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CINE / 'LA ISLA DEL TESORO'

Entre la televisión y el cine

La isla del tesoro es una nueva versión de la famosa novela de Robert Louis Stevenson, pero, por esta vez, no ha sido la industria cinematográfica la que se ha acordado de este clásico inmortal , sino la televisión por cable, representada por la cadena de Ted Turner, en coproducción con un par de empresas británicas. Este relato audiovisual que será presentado en Estados Unidos por esa emisora de televisión, mientras que, en el Viejo Continente, se exhibe en salas de cine.Destacar ese marco previo no es ocioso, a mi modo de ver, porque no se trata de aspectos secundarios, sino de rasgos esenciales, que condicionan completamente la concepción y el desarrolló de la historia.

A veces no resulta fácil deslindar los límites entre el medio fotoquímico y el electrónico, porque las técnicas parecen confundirse. Pero en este caso no hay la mejor duda de que la narración de Stevenson ha sido adaptada a las posibilidades de un presupuesto televisivo -generoso, por supuesto, porque no en vano se trata de una emisora estadounidense-, pero muy inferior al que se habría invertido en una gran producción cinematográfica internacional. Las diferencias fundamentales entre ambas industrias no pertenecen sólo al dominio del lenguaje o de la estética, sino que se deben, sobre todo, al tiempo disponible para ensayos previos y a las posibilidades de hacer una realización compleja y ajustada a la historia, mucho más reducido, en la televisión, en términos generales, como consecuencia del uso de una planificacador más funcional, donde la economía, en horas y en dinero, es fundamental.

La isla del tesoro (The treasare island)

Una producción Turner Pictures-TNT para Agamennon Films-British Films. Productor ejecutivo: Peter Snell. Producción, guión y dirección: Fraser C. Heston. Imágenes, R. Steadman. Música: Paddy Maloney, ejecutada por los Chieftains. Intérpretes: Charlton Heston, Christian Bale, Oliver Reed, Christopher Lee, Julian Glover. Estreno en Madrid: Palacio de la Música Cartago.

Siempre vigente

La isla del tesoro es, desde luego, un libro que siempre está vigente, porque ha conseguido convertirse en un clásico inolvidable, pero las versiones cinematográficas que se han hecho de él sólo han sido capaces de recoger una parte de su encanto.Quien quiera entrar, plenamente, en el mundo de Jim Hawkins, el joven grumete que vive una inolvidable aventura en la Hispaniola en busca del tesoro del capitán Flint, debería leer, inexcusablemente, la obra de Stevenson, porque, ante las innumerables riquezas del texto, la película más inspirada y hábil no pasa de ser un simple reflejo.

La versión que acaba de estrenarse es simplemente correcta y su deseo de fidelidad al libro acaba siendo un inconveniente, en lugar de una ventaja, porque la duración resulta excesiva y las maravillas literarias no brillan a la misma altura en la pantalla.

Fraser C. Heston es un director que empieza y una historia tan compleja como ésta no es lo más adecuado para un novel.

Se ha defendido, es cierto, con bastante empeño; aunque con bastantes torpezas y titubeos, pero apenas consigue traspasar los límites de la mera corrección mecánica y desaprovecha las posibilidades narrativas más hondas y turbias de un relato literario excepcional en provecho de sus apariencias superficiales.

Es posible, naturalmente, que la participación de CharIton Heston en el proyecto -estrella de decadencia, pero estrella, al fin y al cabo- estuviera condicionada a la admisión de su hijo en las funciones de director.

El viejo actor conserva su fotogenia, pero no es un intérprete excepcional; aunque ha puesto en juego toda su habilidad para animar el codiciado papel de John Long Silver, no consigue hacernos olvidar el trabajo de Wallace Beery ni de Orson Welles, en el mismo personaje. El resto del reparto es muy desigual y, junto a actores británicos sólidos y eficaces -el joven Christian Bale, al que vimos en El imperio del sol, de Steven Spielberg, Julian Glover u Oliver Reed-, aparecen otros menos afortunados, como Richard Johnson.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de junio de 1990