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En la vanguardia de los sesenta

Merce Cunningham, de 71 años, nació en 1919 en el estado de Washington (Estados Unidos). A los 20 años se convirtió en solista de la compañía de danza de la norteamericana Martha Graham, en la que permaneció hasta 1945. Siete años más tarde, en 1952, fundó su propia compañía, y en 1959 creó una Escuela de Danza en Nueva York. Sus ideas renovadoras y su coreografía experimental han influenciado a dos generaciones de bailarines y coreógrafos. Ha sido reconocido como líder de la vanguardia de los años 60.Cunningham se inició como bailarín en espectáculos de aficionados, en sesiones de vodevil y en algunos night clubs de California y Oregon. En 1938 bailó durante una temporada veraniega en la compañía de danza de Lester Horton. Al verano siguiente, mientras estudiaba en la Escuela de Danza Moderna de Vermont, Martha Graham lo descubrió y lo invitó a unirse a su compañía en Nueva York. Al poco tiempo se convirtió en el gran protegido de la famosa bailarina. Como solista demostró poseer un virtuosismo especial en su técnica, que lo llevó a situarse en el segundo lugar de la compañía, sólo por debajo de la Graham. La crítica hablaba de la imaginación y sutileza de Merce Cunningham, y de su capacidad de improvisación natural.

Las primeras coreografías de Cunningham, en la compañía de Martha Graham, fueron The wind remains, Root of an unfocus y Four walls, creadas entre 1943 y 1944. Luego escribió Mysterious adventure para solista, y la bailó él mismo en 1945, fecha en la que abandonó a Martha Graham. En Mysterious adventure introdujo un nuevo efecto coreográfico, la suspensión del movimiento, que se convirtió en una de las fases estéticas de su danza abstracta.

En 1952 estableció su propia compañía de danza moderna y allí continuó su experimentación, que ha sido definida como decadente, inspirada, siniestra o progresiva.

Cunningham ha dicho sobre su estilo: "Se habla mucho del aspecto clásico de mi trabajo. Yo nunca estudié el ballet. No hay más que observar el cuerpo humano: no tenemos más que una espalda y dos piernas. Para mí, todos los movimientos son posibles. Es el orden de los movimientos el que hace la expresión".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de junio de 1990