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Entrevista:

Najibulá: "Mi política es un autobús hacia la paz"

El presidente de Afganistán señala que no es momento de dimisiones, sino de que todos los afganos se unan para negociar

La guerra que desangra Afganistán desde hace 11 años continúa su ritmo mortífero, a pesar de que el 15 de febrero de 1989 se retiraron las tropas soviéticas. Los muyahidin de un país de profundas raíces islámicas y absolutamente orgulloso de que ni siquiera los ejércitos de Alejandro Magno o los de la reina Victoria de Inglaterra lograron conquistarlo, iniciaron entonces la yihad (guerra santa) contra los "invasores infieles". Pero ahora, sus líderes siguen negándose a negociar con quienes establecieron el régimen comunista. El presidente afgano, Mohamed Najibulá, ha lanzado un llamamiento a la reconciliación nacional y, en una entrevista concedida en Kabul a EL PAÍS, asegura que su política es como un autobús que se dirige hacia la paz y deja en el camino a quienes no quieren alcanzar esta meta.

El presidente afgano tiene 42 años y un cuerpo de luchador de sumo. Habla en voz muy baja y que, por su tono, nadie diría que pertenece a un hombre que ha logrado mantenerse en el poder desde septiembre de 1987 a pesar de que sus enemigos se cuentan por millones e incluso han logrado infiltrarse en sus filas. En contra de todos los pronósticos y sin el apoyo de las tropas soviéticas, Najibulá sigue siendo el presidente de Afganistán.En estos meses ha logrado hacerse en solitario con el control del país. Su ministro de Defensa, Shahnawaz Tanai, intentó derrocarle en marzo pasado, pero el presidente logró poner al Ejército de su lado. Los rebeldes continúan la guerra santa contra los infieles, pero Najibulá ha islamizado el Gobierno. Su partido ha estado dividido desde la fundación, hace 24 años, en dos facciones: Parcham (intelectual, a la que este doctor en Físicas pertenece) y Jalki, (popular). Pero Najibulá se dispone a abrir dentro de dos semanas el congreso de la unificación, en el que el Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA) pasará a llamarse Partido del País. Ahora sólo persigue un objetivo: "Acabar con la guerra fratricida".

Pregunta. ¿En qué consiste la política de reconciliación nacional?

Respuesta. Tiene como objetivo el fin de la guerra, la consecución de la paz y la reconstrucción del país. La proclamamos por primera vez hace tres años, y desde entonces hemos alcanzado considerables éxitos. Puede decirse que en el plano internacional esta política ha logrado aumentar la autoridad y la credibilidad del Gobierno afgano. En el interior del país ha conseguido atraer a muchos afganos, incluidos comandantes y jefes de la oposición armada, con lo que se consolida la posibilidad de restablecer la paz en toda la nación.

Necesidad de diálogo

P. ¿Negociaría con todos los líderes de la oposición armada asentados en Pakistán e Irán?

R. La reconciliación nacional afecta a todos aquellos que estén dispuestos a renunciar a la guerra fratricida por la paz y la conciliación. Para la realización de este objetivo no hemos excluido a ninguna persona o grupo. Pero depende de cómo la oposición esté interesada en el futuro del pueblo afgano y en cuánto esté dispuesta a hacer por la paz en nuestro país. Nosotros hemos elegido el camino de la conciliación y querríamos obtener esta meta a través del diálogo y de la negociación y, en general, a través de la vía política.

P. ¿Cuáles son las principales enmiendas que se han introducido en la ley fundamental?

R. La Constitución de la República de Afganistán fue aprobada por la Loya Jirgah [Asamblea de notables] en 1987. Esta Carta Magna establece una consirable libertad para nuestro pueblo, tanto en el dominio político, como económico, social y cultural, y da paso a la profundización y expansión de la vía democrática en el país. Con el paso del tiempo se ha presentado la necesidad de realizar varios cambios y, en mayo pasado, la Loya Jirgah aprobó algunas enmiendas que adaptan mejor la Constitución a las condiciones necesarias para la reconciliación.

Una de las más importantes enmiendas introducidas ha sido el carácter islámico del Estado afgano y la anulación de los privilegios de que gozaba el PDPA. De "la misma manera, ha sido aceptado el pluralismo político y se ha establecido el principio del voto igualitario, libre y secreto para las elecciones. Además los jueces y los abogados deben ser neutrales y no tener afiliación política. También se han anulado todas las restricciones para el desarrollo de la actividad económica individual; se impulsa el sector privado y se establece un marco atractivo de capitales extranjeros.

P. ¿Qué se espera del Congreso del PDPA, convocado para dentro de dos semanas?

R. El segundo congreso del PDPA estudiará la reestructuración del partido y la necesidad de reducir la distancia entre el partido y la realidad del país. Aprobará unos nuevos estatutos que ya han sido presentados a las bases para su discusión y cambiará el nombre del partido. El nuevo programa que se aprobará durante esta sesión adaptará más profundamente el partido a la nueva situación y condiciones del país, de forma que lo afganice y lo haga más popular.

P. ¿Está dispuesto a dimitir si ello facilita la paz?

R. La cuestión de mantenerse en el poder o dimitir no es importante en este momento, sino que lo que importa es el fin de la guerra y la restauración de la paz para nuestra maltratada tierra. Estamos explorando los caminos que conduzcan a ella. Somos honestos en esta búsqueda. La situación actual en nuestro país y en la región ha tomado tal calibre que la paz no puede conseguirse con el cese de ésta o aquélla persona, sino uniendo todas las fuerzas y estableciendo el diálogo y la negociación entre todos los grupos implicados.

El papel del ex rey

P. ¿Considera que el antiguo sha de Afganistán, Zahir, es la persona idónea para la transición?

R. Como consecuencia de la política de reconciliación nacional, dos tercios de los comandantes de las fuerzas de oposición han abandonado el combate u observan una especie de alto el fuego con el Gobierno. Los hay que se han unido a la política de reconciliación nacional y, con otros que están fuera del país, se han establecido conversaciones y diversos contactos. En cuanto al antiguo rey Zahir, consideramos que puede jugar, como cualquier otro afgano, un papel positivo en la consecución de la paz. De hecho, el papel que puede desempeñar es algo que ha de establecerse en la mesa de negociaciones que resulte del diálogo entre las diferentes fuerzas.

P. ¿Qué opina de que uno de sus más cercanos colaboradores, el entonces ministro de Defensa, Shahnawaz Tanai, se haya aliado con uno de sus más acérrimos enemigos, el integrista Gulbudin Heckmatiar, con la intención de derrocarle?

R. Ahora es uno de los más cercanos colaboradores de Gulbudin. Eso lo dice todo.

P. Pero, ¿cómo le afectó personalmente?

R. La forma en que nosotros luchamos, nuestra política es como un autobús que, cuando se dirige hacia su meta, encuentra en las paradas del camino gente que se sube a él y otra que desciende, pero el autobús sigue directo hacia su objetivo. Así, nosotros continuamos directos hacia la meta de la paz. El proceso de racionalización imperará en el país y en el mundo. De ahí que cuando los extremistas, tanto de derechas como de izquierdas, ven que se enfrentan a la realidad mundial se unen para impedir su declive. Es lo que ha sucedido entre Tanai y Heckmatiar.

P. El ala dura del PDPA, a la que pertenecía Tanai, se opone a su política aperturista; ¿no teme que en el congreso se produzca una escisión?

R. Ya se ha completado la elección de los delegados para el Congreso. El nuevo programa y los nuevos estatutos, que profundizan en la política de reconciliación nacional, han sido discutidos y acogidos con entasiasmo por los afiliados. Hasta el momento no hemos percibido ningún incidente ni ningún movimiento que apunte hacia la posibilidad de una escisión; por ello consideramos que el Congreso se desarrollará en una atmósfera de solidaridad y fuerte unión.

Optimismo

P. ¿Cree que si EE UU no suspende la ayuda a la guerrilla, Afganistán se convertirá en otro Líbano?

R. Soy optimista porque el fin de la guerra se ha convertido en la máxima aspiración de los afganos y cuando alguien va en contra de toda la población y del supremo interés del Estado queda aislado. Además, en la escena internacional el ritmo lo marcan la cooperación y el entendimiento. En la reciente cumbre: entre George Bush y Mijaíl Gorbachov coincidieron en que el problema de Afganistán no puede resolverse por la vía militar sino por la política y decidieron impulsar la celebración de elecciones libres bajo control de la ONU.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de junio de 1990