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CORRIDA DEL CORPUS EN TOLEDO

Impresionante cogida de Roberto Domínguez

Las enormes ganas de triunfar a toda costa en su segundo enemigo, cuando sus dos compañeros ya habían obtenido trofeos, llevaron a Domínguez a atracarse a la hora de matar y a sufrir una espeluznante cornada.Y es que ese cuarto toro, un malage de mucho peligro, cambió la decoración del festejo, más próximo hasta entonces a una función de tauroballet, por los bicornes flojuchos y enmalvados que se lidiaban. Pero el galafate cuarto, de 601 kilos, sembró aires de tragedia y recuperó el interés del festivo público. Ya había atropellado y revolcado a Domínguez a la salida de una ajustadísima chicuelina con que el coletudo cerró una lenta y templada serie de verónicas. El toro se creció después al palo y no se arredró. Domínguez, tampoco, y le sometió con gran verdad y valor, extrayéndole cimbreados pases alrededor de su cintura por ambos lados y aguantando serenamente sus arreones.

Aldeanueva / Domínguez, Espartaco, Mora

Tres toros de Aldeanueva y 1º, 3º y 5º, de Sayalero y Bandrés, desiguales de presentación, flojos y manejables, excepto 4º y 5º, peligrosos. Roberto Domínguez: estocada caída (ovación); pinchazo y gran estocada a un tiempo saliendo cogido (dos orejas). Espartaco. bajonazo (oreja); dos pinchazos y estocada (ligera petición y ovación). Juan Mora media perpendicular baja (oreja); pinchazo y bajonazo (oreja). Domínguez sufre cornada en la región inguinal derecha con dos trayectorias, de pronóstico reservado. Plaza de Toledo, 14 de junio. Corrida del Corpus. Casi lleno

El interés del festejo se mantuvo después con Espartaco, que hubo de enfrentarse a otro maulón buscatobillos, que sembró el pánico entre sus subalternos. Éstos y su apoderado le aconsejaban desaforadamente que lo matase, pero el de Espartinas, en un gesto carismático y de profesionalidad, los hizo callar, y se la jugó. Estuvo por encima de la fea catadura del animal y acabó con varios desplantes de hinojos.

La máxima emoción estética la ofreció Mora, cuyo arte crepitó en el sexto, un blando chochón, al que toreó con una belleza sin mácula y regusto, engorrinando su faena con un horroroso bajonazo final. En el tercero Mora ofreció su otra cara, la del diestro de las posturitas y el espejo, a lo que añadió un pelín de jinda, aunque una serie final de naturales citando de frente le valieron una oreja.

Domínguez y Espartaco rivalizaron también a posturitas, más ortodoxas las del vallisoletano y más espectaculares y ventajistas las del andaluz, en sus primeros e inválidos toros.

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