Los antiguos comunisas ganan en Bulgaria

El Partido Socialista Búlgaro (PSB, antiguo partido comunista) ganó ayer la primera vuelta de las elecciones legislativas en Bulgaria, según las primeras proyecciones extraoficiales dadas a conocer anoche en Sofía por el instituto alemán occidental Infas. El PSB logró el 48,5% de los votos, y la Unión de Fuerzas Democráticas (UFD, principal partido de la oposición) alcanzó el 32,3%, según dicha fuente.

Varios miles de simpatizantes de la UFD se manifestaron desde la tarde de ayer ante el Palacío de la Cultura, en Sofía, donde fue instalado el centro de prensa y los estudios de televisión.Bulgaria celebró ayer la primera ronda de sus elecciones generales, las primeras pluralistas desde el final de la Segunda Guerra Mundial, como último país del este de Europa que rompe con la era dictatorial comunista. A última hora de la tarde, cuando ya habían cerrado los colegios electorales en todo el país, no se conocía incidentes de importancia durante la jornada, que eran temidos a la vista de la violencia habida en la campaña electoral.

Según miembros de la oposición, al menos cinco personas murieron a manos de grupos incontrolados del aparato comunista, y los actos de intimidación han sido muy abundantes.

Las posibilidades de un voto libre en Bulgaria eran infinitamente más reducidos que, por ejemplo en el caso de Checoslovaquia, que votó el viernes y el sábado, ya que el aparato comunista búlgaro sigue intactó y cuenta con posibilidades reales de mantener el poder.

En los pueblos se daba ayer por segura la influencia de la intimidación sobre la tendencia de voto, pese a la presencia de los observadores internacionales.

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La influencia del 'aparato'

La tercera fuerza será con gran probabilidad el Partido Agrario, una formación tradicional búlgara, de gran fuerza en la época de entreguerras, que bajo el régimen comunista se convirtió en títere del poder.

La ventaja inicial del partido socialista, que cuenta con prácticamente toda la infraestructura del aparato comunista y de Estado se vio reducida em las últimas semanas por las revelaciones sobre los crímenes del régimen. No obstante, su implantación en todo el país y su control de los medios económicos y de propaganda y de las estructuras de la Administración del Estado le han proporcionado unos claros privilegios frente a las demás fuerzas concurrentes.

Los búlgaros deberán decidir entre ayer y el próximo domingo, en la segunda ronda, la composición de la Asamblea Nacional, de 400 miembros, que deberá redactar la nueva Constitución del Estado. El periodo constituyente tendrá una duración del 18 meses, período tras el cuál deberán ser convocadas unas nuevas elecciones generales.

Más de seis millones de búlgaros estaban convocados a las urnas en este país balcánico que, después de sufrir uno de los regímenes estalinistas más duros del este de Europa, pasó a convertirse en un Estado de características casi feudales bajo el máximo dirigente Todor Yivkov y los del todopoderoso partido comunista. Yivkov cayó el 9 de noviembre del pasado año y se encuentra detenido por diversos delitos.

Con Yivkov y otros pocos colaboradores como cabezas de turco, el partido socialista ha hecho una hábil campaña, distanciándose de los desmanes del régimen pasado, a los que ha presentado como meros producto de la dictadura personal del ex secretario general, y de otras supuestas desviaciones.

Oposición dividida

Con Lilov como nuevo secretario general, Petar MIadenov como jefe del Estado y el inteligente Andrei Lu.kanov de prímer ministro, el partido socialista intenta presentarse como la fuerza conciliadora frente a la supuesta agresividad de la opositora Unión de Fuerzas Democráticas (UDF).

La oposición democrática, que en su inmensa mayoría acude en el marco de la UDF a los comicios, se encuentra dividida en lo que respecta a cómo tratar al partido comunista después de las elecciones.

Una parte prefiere intentar una coalición con los ex comunistas para impedir que el poderoso aparato que éstos dominan se vuelva contra la política de reformas que una oposición victoriosa tendría que imponer con medidas drásticas.

Otros se niegan rotundamente a cualquier clase de trato con el antiguo partido de la dictadura y quieren inmunizar a la población contra nostalgias del pasado con puntuales revelaciones concretas de los crímenes del régimen y juicios contra los culpables.

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