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El presidente Menem augura "una nueva Argentina" ante 80.000 personas

El presidente Carlos Menem auguró el "nacimiento de una nueva Argentina" ante una multitud estimada en 80.000 personas que colmaron el viernes por la tarde la Plaza de Mayo frente a la Casa Rosada, sede del Gobierno, en un acto calificado de "histórico" y "fundacional" por los portavoces del Gobierno. En un discurso breve, de sólo seis minutos -"el discurso más corto pero también el más bello de mi vida"- el jefe del Estado recordó a los que no estaban allí porque no pudieron pagarse el viaje y admitió que el país "está mal", pero aclaró de inmediato: "Vamos por la buena senda y ha llegado el momento, hermanos y hermanas, en esta plaza histórica, de decirle sí a la Argentina, sí al pueblo, sí a Latinóamérica".Menem, que los días previos a la llamada Marcha del sí había afirmado que no hablaría desde los balcones de la Casa Rosada, aseguró, antes de despedirse y agradecer a obreros, profesionales y empresarios: "Estamos cambiando la historia y está naciendo una nueva Argentina". La multitud asistió al acto sin pancartas, tal como se recomendó en los anuncios de televisión y Prensa. Menem fue recibido con una ovación y el público le saludó grítando "Argentina /Argentina" cuando el presidente advirtió al comenzar que no hablaría en nombre de un partido: "Vengo como presidente de los argentinos a expresar unas pocas palabras en nombre de esta nunca bien amada patria", dijo.

El tremendo impacto político que causó la concentración, difundida en directo a todo el país por radio y televisión, todavía se sentía ayer cuando los principales líderes de la oposición y los dirigentes de los sectores más críticos del peronismo se repetían en declaraciones de circunstancias y no atinaban a elaborar con claridad una respuesta.

Esta recuperación del liderazgo de Menem, que ha vuelto a caminar por encima de las principales cabezas de su partido, de su historia personal y de los cientos de miles de azorados militantes peronistas que no estaban en aquella plaza invadida por los mismos gorilas que fueron sus feroces enemigos, revuelve sobre sí mismo todos los posibles pactos entre los partidos mayoritarios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de abril de 1990