La Comisión Europea decreta el fin de la crisis siderúrgica

"La siderurgia europea ha salido de la crisis". Éste es el diagnóstico del horizonte del sector hasta 1995 presentado ayer en Bruselas por la Comisión Europea. La producción de acero bruto en los doce ascenderá levemente para situarse entre 138 y 143 millones de toneladas, pero el mensaje más importante es que el sector ha recuperado márgenes de beneficio y a partir de ahora deberá vivir en libre competencia, sin ayudas públicas y sin el manto protector de la CE.

En 1980, la siderurgia europea estaba amenazada de muerte. Desde entonces, 263.000 personas han perdido su puesto de trabajo en el sector, cifra a la que hay que añadir algunos flecos de los planes en marcha en España y el recorte a que está abocado Italia en su planta de Bagnoli. Los cierres de plantas han mermado la capacidad instalada de producción en 30 millones de toneladas al año. Las ayudas públicas desembolsadas hasta 1988 para insuflar vida al sector superan los 5,2 billones de pesetas. Las inversiones de adecuación y mejora tecnológica ascienden a 2,75 billones.

Cirugía de costes

Juntas, la cirugía de costes y la terapia financiera han trocado pérdidas por beneficios. Pero lo más importante es que el margen de rentabilidad ha superado las previsiones más optimistas: si antes se consideraba que hacía falta un porcentaje de ocupación de capacidad del 80%, hoy el sector ha demostrado que el acero puede dar números negros con una tasa media de utilización del 70% (o de sólo el 61,4% en el caso de los perfiles gruesos).

La reducción de personal y la innovación tecnológica han sido los agentes de este cambio, aunque esos números dan pie a pensar que el margen para nuevos cierres de instalaciones se ha ampliado. "La reconversión y la racionalización de plantillas seguirá, pero serán las empresas las que deben afrontarlos por sí solas", afirma la Comisión Europea.

El análisis no entra en el detalle país por país, aunque en el gabinete del comisario responsable, el vicepresidente Martín Bangemann, reconocen que "la situación no es homogénea". España, que se incoprporó con retraso y grandes convulsiones a la reestructuración siderúrgica, puede sufrir un cierto desfase.

En el futuro, las empresas siderúrgicas están abocadas a definir sin ayudas sus estrategias industriales y, en consecuencia, a competir en un mercado abierto, liberado del corsé de las cuotas.

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