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Ignacio Amestoy monta en escena el cerco de Durango por Castilla

Juan de Mella rodea con 4.000 hombres la ciudad de Durango, desde la que su hermano Alfonso ha lanzado al mundo una utopía de tal calibre que Juan II de Castilla teme que pueda terminar dividiendo el reino: él es el que ha enviado las tropas que para la época, explica el autor, "son como la VI Flota". Así comienza la obra Durango, un sueño, 1439, de Ignacio Amestoy, en estrecha colaboración con la compañía vasca Geroa, que hoy la estrena en la sala Olimpia de Madrid.

El sueño del que habla el título es el que se conoce como la herejía de Durango: Alfonso de Mella, franciscano, uno de los tres hijos del embajador de Castilla ante el Vaticano, decide regresar a su ciudad natal, 'Durango, tras el fracaso de la secta de los fraticellos, una facción de franciscanos que propugnaban la pobreza absoluta y la comunión de los cuerpos. De vuelta a su casa, Alfonso de Mella difunde sus ideas con tal éxito que consigue sacar a varias monjas de un convento y provoca el pánico en la Corte. Uno de sus hermanos, cardenal, será el encargado de cercar la ciudad, para rendirle, y a esa violencia él opondrá su negativa a ejercerla...

Ignacio Amestoy escribió la base de la obra a partir de la iniciativa del grupo de teatro independiente Geroa, uno de los más antiguos del País Vasco. En la redacción participaron los miembros de la compañía. Fiore, por ejemplo, la cotesana italiana que acompaña al cardenal en su misión de castigo, nació de la iniciativa de una actriz. Este es el segundo montaje de Amestoy con Geroa, tras Doña Elvira, imagínate Euskadi, inspirado en las conversaciones de vasco Lope de Aguirre, uno de los personajes más literarios de la conquista de América, con su hija Elvira, nacida en aquellas tierras, y que a la visión de Euskadi mesiánica y guerrera de su padre opone la suya, pacífica.

En ambas obras, como se ve, aparece la preocupación si no la obsesión por Euskadi, y en ambas la alegoría del conflicto está clara. Amestoy es un bilbaíno de 42 años cuya madre hablaba en euskera y él no, y su interés por lo que ocurre en el País Vasco es, explica, "una necesidad vital", a la vez que el "intento de recuperación de una identidad perdida que creo me han arrebatado".

Subdirector de Diario 16, Amestoy ha mantenido una constante dedicación al teatro desde hace 20 años. Estudió actuación y dirección en el teatro. Estudio de Madrid, hizo realización en TVE, y participó en varios grupos independientes y universitarios, en uno de ellos con el también periodista Pedro J. Ramírez. Entre otros, ha recibido los galardones Aguilar, por Mañana, aquí, a la misma hora; y Lope de Vega, por Ederra, obra que también ganó el Mendoza y Cortina de la Real Academia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de enero de 1990