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CARTAS AL DIRECTOR

Los límites entre el erotismo y la pornografía

En su suplemento Domingo del pasado 22 de octubre, que a partir de ahora habrá que denominar sabatino, el artista catalán Cabanyes, autor de la obra escultórica situada en el Bosque de Eros, dice, entre otras naderías estridentes, que "el erotismo y la pornografía son la misma cosa", con lo que pone en evidencia, pese a toda su obra sexista, que no sabe de qué va, como dicen por allá...Comenzaré por afirmar que, para mí, la diferencia esencial entre ambas es que la pornografía es algo negativo, es un exceso, mientras que el erotismo es un bien del ser humano, del que ciertamente no gozan ni los animales ni las plantas. Admito que estas fronteras puede parecer que varían con el paso de los tiempos y las modas, pero hay algo que no varía: la pornograrla es vergonzante, y el erotismo, no. La pornografía es una degradación del ser humano; el erotismo, no, incluso es una de sus sublimaciones. La moral natural es muy clara al respecto. Y la moral religiosa, para los cristianos, nos presta el ejemplo de uno de sus libros máximos, El cantar de los cantares, cumbre del sano erotismo.

Se me ocurre un ejemplo simétrico de actitud humana que puede aclarar estos conceptos. Está referido a esa otra necesidad del hombre que, junto a la de amar, le es más perentoria y necesaria: el comer. El ser humano se alimenta de amor y de comida. En esta segunda consideración también caben la degradación y la sublimación. La pornografía es al erotismo lo que la gula a la gastronomía. Entre éstas, las fronteras pueden parecer confusas, según quién y cuándo las franqueen, pero normalmente todos sabemos cuándo estamos en el terreno de la gula y cuándo en el de la gastronomía. El símil puede parecer pura frivolidad, pero es muy expresivo, a mi juicio. Así como la porriografia es execrable, lo es también la gula. Y así como la gastronomía es plausible, lo es también, ¡cómo no!, el erotismo.

Por eso el bosque de Cabanyes no me gusta, pues no es el bosque de Eros, sino el de Pornos.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 16 de noviembre de 1989