Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Editorial:

Médicos de pueblo

DESDE EL pasado día 26 de octubre, los médicos rurales vienen realizando todos los jueves una huelga intermitente. Profesionalmente relegados, económica y laboralmente discriminados, con reducidos medios a su alcance para el desarrollo de su labor y, en definitiva, semiolvidados de las instituciones que gestionan la política sanitaria, los 8.000 profesionales de la medicina diseminados en la España rural no hacen otra cosa con sus reivindicaciones que poner al descubierto el deterioro del sistema de salud que afecta a unos 15 millones de españoles.Desde 1979, este colectivo de médicos ha pasado a depender de las autoridades sanitarias de cada comunidad autónoma donde ejercen su profesión. Dispersión que no debería constituir ningún obstáculo para la equiparación de las condiciones sanitarias, económicas y laborales de las tareas que realizan. Estos médicos quieren que su jornada no exceda del cómputo de horas legalmente establecido y que sus retribuciones tengan un nivel equiparable de acuerdo con la función que realizan. Reivindicaciones tanto más razonables cuanto que muchos de ellos se encuentran abocados a la realización de jornadas ininterrumpidas en pueblos alejados y a todos ellos les afectan incomprensibles desigualdades salariales según la comunidad autónoma en la que esté ubicado su destino.

La Unión de Consumidores de España ha denunciado el grave perjuicio que puede ocasionar a los indefensos pacientes del medio rural encontrarse, por causa de la huelga, sin asistencia médica o ser enviados sin más a centros sanitarios situados en muchos casos a decenas de kilómetros de su domicilio. Lo cual no deja de poner de manifiesto cuál es la situación real de la asistencia sanitaria en amplias zonas de la España rural.

Todo inclina a pensar, pues, que las fundadas demandas de estos profesionales de la medicina pasan por la reestructuración y mejora de la red sanitaria de la España rural. El Ministerio de Sanidad ha salido al paso del conflicto anunciando que los problemas que plantea están en vías de solución en el marco de la reforma de la asistencia primaria, que estará concluida en 1992. La posibilidad que ofrece esta reforma a la integración de los médicos y los restantes sanitarios locales en los equipos de atención primaria es un paso importante. Con ello no sólo se facilitará la capacitación profesional de este personal, resentida por causa de la soledad y el aislamiento, sino que se reforzará la capacidad asistencial de la red sanitaria próxima al paciente. Porque, en definitiva, lo que no puede admitirse, por ser profundamente injusto, es que unos españoles padezcan discriminación frente a otros en la recepción de un servicio público tan esencial para su vida y su salud.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 14 de noviembre de 1989