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Maradona

Dos millones de dólares en dos fastuosas bodas

La boda del siglo, la boda de la década, la boda del año, la boda de la historia. La Prensa argentina hace una semana que no logra ponerse de acuerdo. Pero lo cierto es que el martes, poco después de las cuatro de la tarde (siete de la tarde hora peninsular), en el Registro Civil de Buenos Aires, el mejor jugador de fútbol del mundo, Diego Armando Maradona, de 29 años, vestido con una chaqueta y pantalón de seda azul y botones dorados, legalizó la relación que desde hace más de 13 años mantiene con la madre de sus dos hijas, Claudia Villafañe.Seis horas más tarde, madrugada de ayer en España, los esposos consagraron el matrimonio religioso en la iglesia del Santísimo, Sacramento. Él era ya un hombre de frac y la novia cargaba sin esfuerzo con los ocho kilos de piedras que, según la modista, llevaba el vestido. De allí los novios partieron en un coche descapotable Dodge Brothers, modelo 1937, pasaron por el hotel Sheraton, donde ofrecieron una breve conferencia de prensa, y luego desembarcaron a poco más de 15 calles de allí, en el estadio cerrado Luna Park. Una manga, como las que se usan para decorar tartas, pero en plan bestia, les permitió llegar hasta el centro del salón, donde ya estaban instalados más de 1.000 invitados argentinos y europeos. Entre ellos no apareció el ex presidente de la nación Raúl Alfonsín, ni el actual, Carlos Menem.

El país no estaba ayer para esos bollos. La empresa Maradona Producciones invirtió mucho dinero en la boda, casi unos dos millones de dólares (unos 230 millones de pesetas), pero no podía cuidar el detalle de aumentar los salarios a los conductores de transportes colectivos que se movilizaron y colapsaron el tráfico de la ciudad justo a la hora de la boda.

Los organizadores, liderados por Guillermo Coppola, manager personal de Maradona, trataron a la Prensa como enemigos y saqueadores de un supuesto negocio. "La puta madre que los parió", gritó Maradona cuando bajó del auto a las puertas del Registro Civil, antes de pegarle un puñetazo en la cara al reportero gráfico de una agencia de noticias argentina. Arriba, en la sala, dijo que no se casaría hasta que no se fueran todos los periodistas de allí. En la conferencia de prensa terminó ofendido porque le presentaron las quejas: "Yo no fui a tu casamiento", le dijo a una cronista, "y si esto no te gusta no vengas al mío".

La información adelantada a la Prensa no coincidía con la realidad posterior. El Rolls Royce resultó ser un Dodge, y los conjuntos y cantantes que actuaron durante la fiesta no eran los anunciados. El coste del vestido de la novia aumentó de 8.000 a 30.000 dólares en pocas horas. La modista no quería que se la cotizara tan bajo. Sin embargo, el oro era oro, las langostas eran langostas y los regalos, como el automóvil Mercedes Benz de parte de una compañía financiera italiana y el jarrón chino y otros tantos -por los que Maradona tendrá que pagar 14.000 dólares de impuestos a la aduana argentina-, seguramente son legítimos. Sin embargo, todos los invitados y curiosos parecían asistir a una función de cine.

A la salida del Registro Civil, Diego y Claudia se desviaron del camino para comer pizza en Las Cuartetas, un lugar tradicional en la avenida Corrientes. Más tarde, los que estuvieron en la fiesta cuentan que la pareja bailó hasta las siete de la mañana, y que allí se les vio alegres y relajados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de noviembre de 1989