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Londres anula las condenas de cuatro irlandeses por asesinatos que no cometieron

El Gobierno británico ha ordenado una investigación judicial urgente sobre las actuaciones policiales en el caso de los cuatro de Guilford, que ayer vieron anulada la condena a cadena perpetua que venían cumpliendo desde hace 14 años por siete asesinatos que no cometieron. La decisión del tribunal de apelación ha sacudido los cimientos del sistema policial y judicial británicos y desata una cadena de acontecimientos con graves implicaciones.

Gerard Conlon, uno de los cuatro condenados, salió en libertad poco después de las tres de la tarde y, ante centenares de personas que lo esperaban con entusiamo ante la sede de los juzgados de Old Bailey y los periodistas, gritó que era inocente y había pasado 15 años en la cárcel (desde su detención) por un crimen que continuamente negó haber cometido.El juez lord Lane había decretado poco antes la puesta en libertad de Conlon, Paul Hill (quien fue detenido inmediatamente por estar condenado a cadena perpetua por el asesinato de un ex soldado), Patrick Armstrong y Carole Richardson después de escuchar al fiscal enumerar una retahíla de manipulaciones policiales -alteración de notas de los interrogatorios, escamoteo de testimonios significativos, deposiciones falsas en la vista de la causa- que en 1975 produjeron unos testimonios que llevaron al jurado a considerar a los acusados responsables de los atentados contra dos pubs en Guilford y uno en Woolwich, en los que murieron siete personas y más de 80 resultaron heridas.

"Los agentes de policía de Surrey [que investigaron el caso] engañaron a la sala y, de hecho, tuvieron que mentir", dijo el juez Lane. Cinco agentes aparecen ahora como perjuros y dos de ellos ya han sido suspendidos de empleo mientras se sustancian responsabilidades en una investigación que corre a cargo de la fiscalía británica.

Presión policial

Los acusados se desdijeron desde el principio de las declaraciones realizadas bajo presión policial cuando fueron detenido en noviembre de 1974, pero la causa siguió adelante porque los agentes se pusieron de acuerdo en el contenido de su deposición y el sistema judicial inglés que permite que la autoinculpación sea tenida como prueba en ausencia de testigos.El ministro del Interior, Douglas Hurd, compareció en una Cámara de los Comunes abrumada por la injusticia cometida durante todos estos años y anunció que, con independencia de la investigación de la fiscalía, ha decretado otra para determinar cómo pudo producirse tamaño desmán. Esta investigación también analizará el caso de los siete de Maguire, condenados por tenencia de explosivos en relación con la causa contra los de Guildford. Uno de ellos era Patrick Conlon, padre de Gerard, quien murió en la cárcel en 1980 clamando su inocencia.

Hurd, enemigo declarado de la pena capital, recordó ayer, como lo hicieron otros parlamentarios, que de haber estado vigente la horca "con toda certeza uno o más [de los cuatro de Guildford] estarían ahora muertos".

El primer ministro irlandés, Charles Haughey, se felicitó por la feliz conclusión del caso y manifestó su esperanza de que sirva para revisar la causa de los seis de Birmingham, condenados a cadena perpetua por dos atentados en 1974 que costaron 21 vidas y que ellos niegan haber cometido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de octubre de 1989

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