FERIA DEL PILAR

Limpieza de corrales

, Con la última corrida de feria llegó la limpieza exhausitiva de corrales. No es que limpiaran sólo los de esta plaza, pues a tenor de lo visto, tuvieron que limpiar también los corrales de otros cosos, puesto que las pezuñas que lucía el feo ejemplar de Felipe Bartolomé debieron de pisar yerba fresca por última vez el día del destete.Hasta tres hierros reunió la empresa para cerrar feria y toros hubo que por su lamentable aspecto no hubieran colado en plazas de segunda. Zaragoza es otra cosa, como se está viendo, pues aquí últimamente vale todo. El público, bullanguero asiste a la plaza y toda su preocupación estriba en pedir orejas. Ayer le tocó la tómbola a Rafael de la Viña, quien por trofeos cortados ha superado en la feria a Roberto Domínguez y Ortega Cano. Una diferencia es notoria, pues De la Viña no llega a la categoría de los anteriores por el momento.Cierto es que De la Viña no engaña a nadie con su toreo: bullicioso, simpático y hasta en ocasiones templado. La faena hecha al sexto tuvo temple y ligazón en naturales y derechazos. Hubo pases estáticos, de esos que en el sitio se dan y caldean a la masa. También los hubo de los del pasemisí-pasemisá. Para el aficionado aquel torito último hubiera servido para algo más.

Buendía /Mora, Lozano, Viña

Tres toros de Joaquín Buendía, feos, flojos y pobres de cara; dos de Felipe Bartolomé, más feos aún, sin fuerza ni cara, y uno de Manuel Álvarez, mal hecho e inválido. Todos ellos sospechosos de afeitado. Juan Mora: palmas; fuerte ovación con algunos pitos. Fernando Lozano: palmas con algunos pítos; silencio. Rafi de la Viña: una oreja; dos orejas. Plaza de Zaragoza, 15 de octubre. Octava y última corrida de feria.

El toreo de calidad lo hizo Juan Mora y también la ejecución de la suerte suprema más penosa que se pueda conocer. De seguir así acabará este gran torero eclipsado, pues bueno es torear como los ángeles, tal y como él lo hace, pero vital todavía es más matarlos al primer volapié.

Con Fernando Lozano se pretende confeccionar un torero y cierto es que este joven está muy poco tocado para la vena del arte de Cúchares. Tiene voluntad y debe de escuchar todo cuanto le dicen, pero de ahí a que plasme sensibilidad cuando se abre a la verónica o traza el derechazo hay un abismo. Ayer en pegapases estuvo toda la tarde y para colmo también, como Mora, es un pinchauvas. Una diferencia tiene en contra con respecto a Mora, y es que difícilmente se le ve con esa vena de sensibilidad que levante a alguien del asiento; puede levantar a alguien, por supuesto, pero no será para emocionarse con un toreo como el suyo carente de identidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0015, 15 de octubre de 1989.