El Bach ejemplar de Rostropovich
El ciclo musical del Festival de Otoño alcanzó ayer tarde, en el Auditorio Nacional, una de sus cimas previstas: las suites números 2, 3 y 5, de Bach, en la versión del mítico Mstislav Rostropovich. A finales de julio, en el teatro Carlos III del Escorial, la universidad y la Comunidad de Madrid ya celebraron una audición con el mismo programa que la de ahora (EL PAÍS, 24 de julio) Pero lo que entonces tuvo un carácter de cámara, por las mismas dimensiones del teatrito cortesano, se ha convertido ahora en triunfo multitudinario. Las casi 2.000 personas que alberga el Auditorio Nacional sintieron la intensa emoción de un Bach perfecto en la técnica y en la expresividad; un Bach en el que la cifra y el pulso se aúnan en una prodigiosa forma de equilibrio.Tras escuchar la Sarabande de la Suite número 5 en do menor ese mensaje de profunda melancolía de vibraciones cordiales casi monteverdianas, nadie pensaría que estamos ante pentagramas cerebrales, ante la orden de la matemática.Y otro tanto podriría decirse del Preludio y la Sarabande de la Segunda suite o de la Allemande y Courante, de la Suite número 3, y, a decir verdad, de cuanto interpretó Rostropovich, que, a las tres suites, añadióun par de propinas, lógicamente de Bach, fervorosamente solicitadas.
Festival de Otoño
Recital de violonchelo por Mstislav Rostropovich. Obras de Juan Sebastian Bach. Auditorio Nacional, 12 de octubre.
Es una suerte enorme poder asistir a una experiencia musical como la del Bach de Rostropovich, en la que nos maravilla tanto la genialidad del gran Barroco como la del fabuloso transmisor. La belleza sonora, la hondura trémula, a veces a punto de congoja, como el cantar largo, la planificación polifónica exacta, la gracia fascinante en los números de galantería y la visión total de cada una de las suites hacen de las versiones de Rostropovich lección ejemplar e inolvidable..
Lección de música y lección de humanidad. También, lección de musicología y análisis, pues cuanto se ha estudiado, pensado, razonado y escrito sobre el arte de Juan Sebastian Bach aparece soberanamente explicado, clarificado y apasionante en el violonchelo único de Rostropovich. La reacción primera es de un sentimiento sincero de gratitud; para exteriorizarlo no tenemos otro gesto que el convencional del aplauso, que obligó a Rostropovich a saludar una y otra vez después de cada interpretación y al final del recital.


























































