Comedia añeja
Un par de seductoresDirector: Frank Oz. Guión: Date
Launer, Stanley Shapiro y Paul Henning. Estados Unidos, 1988. Intérpretes:
Michael Caine, Steve Martin, Glenne Headly, Barbara Harris, Anton Rodgers. Estreno en Madrid: cines Fuencarral, Madrid y, en V.O., cine Infantas.
En 1963, Ralph Levy, un director que solía alternar la realización de películas con su más prolífico trabajo en televisión, dirigió una comedia que, con guión de Stanley Shapiro, narraba las peripecias de dos vividores por Europa, y que en el proyecto original debían interpretar Cary Grant y Rock Hudson, pero cuyos papeles estelares a la postre fueron encarnados, respectivamente, por David Niven y Marlon Brando. La experiencia se llamó Dos seductores, fue un desastre desde el rodaje y no recaudó apenas nada. Hoy dormiría plácidamente el justo sueño del olvido si un director hasta cierto punto bisoño, Frank Oz (Cristal oscuro, La tienda de los horrores, más un filme inédito en España, The muppets take Manhattan), no hubiese rebuscado en el baúl de los recuerdos para exhumar esa especie de la que, como el lector sabe muy bien, tan necesitado está el cine americano actual: un argumento, cualquiera que sea.
Tal vez el cálculo fuese éste: peor no puede ir. Y seguramente este otro: ejecutivos en apuros que no entienden el mundo en que viven y en él deben enfrentarse a señoras mucho más preparadas suelen poblar las películas contemporáneas. ¿Por qué no proponer lo contrario? Y puestos a hacer, Oz y/o su equipo eligen para los papeles protagonistas a Michael Caine y a Steve Martin, un supuesto cómico. El resultado es una película irregular. Por una parte, se resiente de una interpretación que bordea el ridículo involuntario , la de Martin; y su planteamiento, dos play-boys algo maduritos que intentan vivir de las mujeres en la Cóte d'Azur parece a todas luces viejo. Por la otra, tiene algunos buenos momentos de comedia. . Y sobre todo Michael Caine, con una interpretación soberbia de quien es hoy el mejor actor de comedia con que cuenta el cine anglosajón. Sólo por él merece la pena asomarse a esta película que, considerada en su conjunto, no pasa de ser un mediocre remedo de una mediocre comedieta.
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