"Fiebre" de fin de semana

No es la primera vez que la Policía Municipal se lanza a la calle para poner en guardia a los conductores beodos. En cualquier caso, la decisión de intensificar los controles preventivos de alcoholemia se adoptó poco después de la jornada negra del 30 de junio al 1 de julio, en la que hubo 20 siniestros y 12 heridos graves.La fiebre de las noches veraniegas siguió una tendencia muy similar en los fines de semana de julio, con una media superior a los 10 heridos por noche. En agosto se ha bajado un poco el listón, aunque los resultados provisionales hasta la fecha no son mucho más positivos que los de 1988, año en que perecieron 155 personas en el asfalto (la mitad de ellos, los fines de semana).

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Este mismo viernes se produjeron dos heridos muy graves, a las 3.20, tras chocar un turismo con una farola en pleno paseo de la Castellana. Ayer mismo, a eso de las siete de la mañana, un Seat Panda con dos viajeros se estrelló contra una torre eléctrica en la carretera de Barcelona, a la altura del puente de Arturo Soria. El coche se incendió y sus dos ocupantes, cuya identidad se desconocía ayer, murieron calcinados. La policía no ha podido determinar aún la causa del accidente.

'Coca' hasta la médula

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"Nos hartamos de recoger heridos y muertos todos los fines de semana", confiesa un policía municipal. "Casi siempre está el alcohol detrás. Y cuando no es la bebida, es cualquier otra cosa. Salen del coche con una marcha que no es normal y dan negativo en el control de alcoholemia, pero se han puesto de coca hasta la médula". Los puntos negros son de sobra conocidos: la Castellana y las carreteras nacionales, especialmente la de La Coruña.

Los policías municipales reconocen que están atados de manos en su lucha contra los conductores ebrios. La prueba de la alcoholemia es obligatoria únicamente si se ha producido un accidente. En estos casos, los conductores son llevados a la comisaría, donde se les propone hacer la prueba del alcohol. Si se niegan, pueden ser multados con 20.000 pesetas.

Aunque el anteproyecto de la ley de Tráfico y Seguridad Vial contemplaba la obligatoriedad de las pruebas de alcoholemia, el texto aprobado el mes pasado por el Consejo de Ministros parece haber olvidado este capítulo, aunque califica como "infracción grave" -multas de hasta 50.000 pesetas- la ingerencia de sustancias que perturben las condiciones físicas del conductor.

. El concejal de Seguridad, Fernando Bocanegra, pretende que los controles de alcoholemia en puntos fijos sigan funcionando hasta finales de año. Bocanegra sale al paso de las críticas por falta de efectividad de este sistema: "Se trata de incidir en la tarea preventiva, ya que de momento no hay forma legal de obligar a los conductores. Casi todos han respondido con una actitud positiva hacia los controles".

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