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La 'cumbre' y el medio ambiente

Como es probablemente sabido, la cumbre económica que se celebró días atrás otorgó una prioridad sin precedentes al diálogo sobre cuestiones de medio ambiente que afectan a los países participantes.Algunos participantes en la reunión parecen haber entrado en una carrera por alzarse con el título de más adelantado en la materia, o más verde. Yo quiero confiar en que nuestra posición ponga de relieve que la restauración del medio ambiente no es una carrera de velocidad, sino que, antes bien, va a requerir compromisos sólidos y a largo plazo que puedan invertir el curso de problemas de medio ambiente ya acumulados y que han alcanzado proporciones muy graves en muchas partes de] mundo. Empujar al resto del mundo hacia un desarrollo sostenible es una exigencia que afrontamos todos, tanto los países desarrollados como los que están en fase de desarrollo. Cada uno de nosotros hemos de admitir que tenemos que empezar por nuestra propia casa y que hemos de tener especialmente presentes a los países que no estuvieron representados en París y cuya participación y cooperación es absolutamente imprescindible para hacer frente a problemas tales como la eliminación por fases de los clorofluorocarbonos y el clima de la Tierra.

El presidente Bush se refirió a varias medidas adoptadas recientemente por Estados Unidos en una serie de ámbitos y que probablemente van a ser de interés para otros países. Estados Unidos respalda la eliminación por fases a escala internacional de los clorofluorocarbonos y los halones para fines del presente siglo, siempre que se pueda disponer de sustitutivos no dañinos. Los otros Gobiernos del grupo de los siete suscriben este objetivo. Hay países en desarrollo muy importantes que todavía no están incorporados al proyecto. Es obvio que sumarse a las iniciativas diplomáticas que favorezcan la incorporación de dichos países es una tarea importante que aún está por hacer.

Estados Unidos está comprometido en una serie de propuestas legislativas por las que se prohibirán los fletes de residuos peligrosos a países que no tengan con el nuestro acuerdos para la eliminación y gestión de tales residuos con las preocupaciones y la atención debidas al medio ambiente. Nuestra ley sobre limpieza del aire, que acaba de anunciar el presidente hace un par de semanas, tiene dos elementos importantes que probablemente van a interesar a otros país es. Uno de ellos tiene que ver con la contaminación del aire más allá de las fronteras, problema que ha azotado a muchos de los países del occidente europeo. Estados Unidos ha dado lo que considero un paso sin precedentes, tanto en alcance como en su posible coste presupuestario, para limitar el impacto sobre Canadá de la contaminación generada en territorio norteamericano.

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También, dentro de las medidas contenidas en la ley de Limpieza del Aire que se refieren a los automóviles, hemos apuntado en la dirección de dar un tratamiento a problemas que afligen a muchos otros países allí representados, en formas que confiamos reconciliarán el automóvil con el medio ambiente. Y esperamos que las propuestas sobre combustibles alternativos y reducción de la polución del aire también tengan un alto interés para los otros países.

Hay mucho interés en las cuestiones de polución de aguas marinas, y en particular a raíz de los grandes vertidos de petróleo que hemos sufrido en estos últimos meses. Estados Unidos está empeñado en un calendario de eliminación para 1991 del vertido a aguas marinas de los residuos industriales y urbanos, y hemos puesto en marcha algunas iniciativas para otorgar protección a las playas de Estados Unidos, en particular contra los residuos clínicos.

Esperamos que haya un interés considerable por la adopción de medidas que prevean respuestas coordinadas frente a los vertidos de petróleo y una mejora de la tecnología de limpieza de dichos vertidos en todo el mundo.

En lo que se refiere a las marismas, Estados Unidos está empeñado en que éstas no sufran pérdida de superficie neta; el Consejo de Política Interior está elaborando con los organismos gubernamentales con alguna competencia al respecto las misiones que van a corresponderles.

El cambio climático de la Tierra se convirtió en una de las cuestiones más importantes que se suscitaron y discutieron por parte de todos los participantes en la cumbre. En este sentido, cabe recordar que Estados Unidos preside el Grupo de Trabajo de Estrategias de Respuesta, de la Comisión Intergubernamental sobre el Cambio del Clima (IPCC). El pasado mes de enero hemos sido anfitriones de la primera reunión del grupo. Y fue, como se recordará, una reunión en la que el secretario de Estado James Baker pronunció el primer discurso como secretario.

Acabamos de enterarnos de que el IPCC ha convenido en que sea Estados Unidos el país anfitrión de la reunión plenaria del próximo mes de enero y que participe posiblemente también como anfitrión en un seminario que ha de celebrarse en otoño en Ginebra.

El presidente ha propuesto el día 5 pasado, Día Mundial del Medio Ambiente, una prohibición de las importaciones de marfil de elefante a Estados Unidos. A raíz de esta decisión, la mayoría de los demás países participantes en la cumbre económica ha seguido el ejemplo y ha establecido prohibiciones. En ciertos casos, dichas prohibiciones no son tan tajantes como la nuestra, pero van bastante lejos en lo que se refiere al intento de acabar con el comercio de marfil de elefante, y dan a esta especie amenazada una posibilidad de supervivencia en África oriental.

En materia de investigación y desarrollo sobre medio ambiente, Estados Unidos gasta actualmente unos 4.700 millones de dólares al año, de los cuales 2.800 corresponden a gasto público, y los restantes, a gasto de las industrias. Nos gustaría compartir con otros países gran parte de dichas investigaciones, algunas de las cuales son únicas -especialmente a las hechas en epidemiología-, y, en particular, animar a otros países a participar junto a nosotros y a compartir el patrocinio y los frutos de los 190 millones de dólares que Estados Unidos gasta actualmente en trabajos relativos al clima de la Tierra: en prácticamente todo aspecto del seguimiento de procesos ecológicos, de la hidrología de los sistemas oceánicos, etcétera.

De modo, pues, que acudimos a París con todo un conjunto de intereses, con la sensación de que la Administración norteamericana ha asumido compromisos muy importantes ante muchos de esos problemas, con un interés muy profundo por trabajar en el seno de la comunidad mundial en el tratamiento de muchos de eflos, que no podemos abordar en solitario. Y, para terminar, volvería a poner de relieve que lo que en particular queremos señalar es la importancia que tiene sumar a la tarea a aquellos países que no estuvieron presentes en París y cuya cooperación y participación van a ser imprescindibles para la resolución de algunos de esos problemas en los años venideros.

William Reilly es administrador de la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos.

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