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Lecciones tras el accidente de Alaska

A causa de la gigantesca mancha de petróleo derramada en Alaska, y como dicta el sentido común, Estados Unidos va a restringir ahora mucho más rigurosamente la extracción de crudo. Puede ser. Pero llama la atención que ese mismo sentido común no diga nada de la reducción del consumo de petróleo.Los norteamericanos han organizado sus vidas de tal forma que necesitan 700 millones de galones al día, y no son bien recibidas las sugerencias de que consuman menos. Pero si se va a producir menos crudo en Estados Unidos, habrá que traer más de otros países. El efecto será el traslado de las marcas negras a otras costas, lo cual no ayuda mucho a la política para la protección del medio ambiente en su conjunto.

La primera lección de la marea negra de Alaska es que ya es hora de que Estados Unidos afronte seriamente la conservación de sus recursos. La segunda es que, ya que la producción de energía es peligrosa, e incluso no se puede confiar en el mantenimiento de la disciplina ni siquiera en una compañía tan bien equipada como Exxon, el Gobierno tendrá que tomar nuevas medidas, y Exxon no deberá agradecérselo a nadie más que a ella misma.

La consecuencia que parece extraer la conciencia colectiva de todo esto -que EE UU debería producir menos y, en cambio, importar aún más- es absolutamente equivocada.

5 de marzo

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