Dicen que se van

Un 'síndrome de provisionalidad', hasta junio se extiende entre los altos cargos de Exteriores

Cuando el próximo 30 de junio finalice la presidencia española de la Comunidad Europea comenzará un auténtico baile de altos cargos en la Administración en general y en el Ministerio de Exteriores en particular. El anuncio hecho por el ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez, que asegura reiteradamente que el actual es su "último cargo en la política", no ha contribuido precisamente a apaciguar los ánimos en el palacio de Santa Cruz y en determinadas embajadas españolas en el exterior; en no pocos despachos se observa una sensación de provisionalidad y se hacen previsiones "solamente hasta julio".

"Haya o no haya crisis de Gobierno en julio, como se rumorea, aquí habrá cambios", dijo un alto funcionario del Ministerio de Exteriores. Al menos tres directores generales y un subdirector general del palacio de Santa Cruz, que han permanecido en su puesto por las necesidades derivadas de la presidencia comunitaria, pasarán previsiblemente a ocupar embajadas después del verano.Se calcula que habrá cambios, no mucho después de que concluya la presidencia, en una treintena de embajadas, entre ellas algunas de las más importantes; por ejemplo, fuentes de la Administración aseguran que está "prácticamente decid¡do" el tantas veces aplazado pase a un importante puesto en la Zarzuela del actual embajador en Londres, José Joaquín Puig de la Bellacasa. También se comenta en el palacio de Santa Cruz el posible relevo del representante en Washington, embajada que podría ser ocupada por el ex secretario general del ministerio Máximo Cajal. Varios otros embajadores se jubilarán en los próximos meses, y algunos, como los representantes en Bonn o ante la OTAN, llevan ya "muchos años" en el mismo cargo.

El panorama de provisionalidad existente en los palacios de Santa Cruz y de la Trinidad -sede de la secretaría de Estado para las Relaciones con la CE- se ve aumentado con los aparentes deseos del titular de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez, de dejar el cargo en la primera remodelación ministerial, que bien podría producirse en julio, antes de que Felipe González aborde la recta final de las elecciones.

Estos deseos de Fernández Ordóñez de concluir su carrera política -expresados privadamente en no pocas ocasiones, pero que ahora han saltado a la letra impresa gracias a una entrevista a Cambio 16- se complementan con otras declaraciones del vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, que asegura que no se hará "longevo" en el cargo, y hasta de personas próximas a Felipe González que divulgan el derecho que asistiría al presidente del Gobierno si decidiese no concurrir como cabeza de cartel a las próximas legislativas.

También Solchaga

También se atribuyen al ministro de Economía y Hacienda, Carlos Solchaga, manifestaciones privadas en el sentido de que desearía dejar el cargo tras la presidencia comunitaria y un eventual reajuste del Gabinete que ¡ncluiría, se asegura, a ministros de larga trayectoria en el puesto, como el de Agricultura, Carlos Romero.

Fernández Ordóñez es el único que ha puesto plazo fijo públicamente a sus deseos de irse al mundo de la empresa privada: ésta es, dijo a Cambio 16, su última legislatura en la política. Coincidiendo con el fin de la presidencia española, Fernández Ordóñez cumplirá 58 años y será el miembro del Gabinete que lleve más tiempo, casi de manera ininterrumpida, en cargos públicos: 20 años exactos desde que ocupó la secretaría general técnica del Ministerio de Hacienda, en 1969.

El "yo ya he cumplido" de Fernández Ordóñez provocó diversas reacciones en el palacio de Santa Cruz, donde no acaban de creer en la marcha irreversible del ministro: "Si el presidente le pide que se quede, o que ocupe otro puesto, se quedará", opina un cercano colaborador, para quien la tentación de dejarlo todo de Fernández Ordóñez -patentemente cansado de su constante ir y venir, que el pasado domingo, por ejemplo, le hizo desayunar en Amman, almorzar en El Cairo y cenar en Damasco- es "sincera pese a todo".

Otros saben que la salida de Ordóñez del ministerio supondrá un cambio radical en las estructuras dirigentes del palacio de Santa Cruz, donde se da por hecho, por ejemplo, que el secretario general del departamento, Fernando Perpignan-Robert, pasaría de inmediato a una embajada, tal vez la de Bonn; algo semejante ocurriría con el subsecretario, Inocencio Arias, a quien Ordóñez hubo de convencer para que permaneciese en Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 18 de febrero de 1989.

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