La mirada libre
Esta divertida e inventiva comedia canadiense toma su título prestado de un poema de T. S Eliot en el que el poeta expresa sus dudas, convencido de que Ias sirenas no le cantan a él", que se siente "At time, indeed, almost ridiculous, / almost, at time, the fool" ("a veces casi ridículo,/ a veces casi un bufón") La protagonista, Polly, interpre tada por una actriz famosa por The litile shop of horrors, es una mujer soñadora e insegura de sí misma, que no cree poseer ni po tencial creativo alguno ni el menor atractivo sexual. Pero su cu riosidad, sus ganas de mirarlo todo -y fotografiarlo-, harán que al final se libere.Ésta es la primera película lar ga de Patricia Rozema, ex estudiante de arte y sin apenas ninguna experiencia previa como profesional del cine. Eso es algo que se nota, a veces a través de soluciones elementales pero eficaces, como la que sirve para simular el vuelo supermanesco de Polly que una gran parte de los cineastas contemporáneos rechazaría porque su simplicidad amateur no se preocupa por el efecto de "impresión de realidad". En otros momentos esta falta de rodaje y rodajes se traduce en errores de duración de determinados planos, en especial algunos insertos, y en una ingenuidad, próxiina a la de Polly, respecto a las capacidades de camuflaje que proporcionan la luz y un banco de madera en el espacio desnudo de una galeríade arte.
II´ve heard the mermaids singing
Director y guionista: Patricia Rozerna. Intérpretes: Sheila McCarthy, Paule Baillargeon, Ann-Marie McDonald, John Evans, Richard Monette y Brenda Karnino. Fotografia: Dougias Koch.Música: Mark Korven. Canadiense, 1987 Estreno en Madrid, cine Alphaville 4.
Fve heard the mermaids singing cuenta con la complicidad del espectador, que, por su propia condición de mirón, ha de comprender los problemas de Polly dentro de la fábula. La mirada de Polly, que busca la belleza o los sentidos ocultos de lo cotidiano, se siente acomplejada ante la logomaquia de Gabrielle y de sus amigos críticos de arte.
Y, en este sentido, la película es algo injusta, puesto que se permite una ridiculización de cualquier discurso sobre el arte, yendo más allá de la ironía e instalándose en la parodia, algo que luego va en detrimento del personaje de Gabrielle, que, cuando expresa su temor a haber pasado por el mundo sin haber creado nunca nada que la sobreviva, suena tan falso como cuando se refiere al entusiasmo neoyorquino por "el pragmatismo oblicuo" que impregna la obra de un pintor.
Es una cuestión de matiz, pero cualquier trabajo creativo depende de los matices, y es una lástima que la sensible e inteligente Rozema a veces lo olvide y prefiera el trazo grueso.
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