DANZA

Siete obras coreográficas en la final del Certamen de Madrid

De las siete piezas seleccionadas por el jurado internacional que preside el bailarín y coreógrafo estadounidense Douglas Dunn para competir en la final del II Certamen Coreográfico de Madrid, que se celebró anoche, tres -Zino, de Adolfo Vargas y Helena Berthelius; Virkala, de Mónica Rumeu; y, 5 A.M., de Antoni Mira- son catalanas, lo que parece confirmar el mayor asentamiento y desarrollo de la danza contemporánea en aquella comunidad. En la competición entraron ocho coreógrafos madrileños, de los que sólo Olga Mesa, con su Jersei en lo alto del tejado con la mano en cuarto creciente, sobre música de Duke Ellington, ha llegado a la final. El resto de las obras finalistas fueron Casilda sin palabras, de José María Luque y Moribana, de Olga Calleja y Amparo Badiola -las dos obras de Bilbao- las dos obras de Bilbao- y Octeto, de la alicantina Rajna Llopis.Del formalismo más o menos estructurado del Octeto de Rajna Llopis o la Moribana de Calleja y Badiola, a la danza-teatro en clave de humor de Antoni Mira, en la selección final hay muestras de las más diversas tendencias.

La inmadurez de algunas de las piezas y las dificultades para desarrollar coreográficamente ideas se han puesto de manifiesto a lo largo de la semana, lo que no puede extrañar, dado que se trata de un concurso dirigido a coreógrafos jóvenes que pretende justamente estimular la nueva creación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 16 de septiembre de 1988.

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