Crítica:CINE
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Lágrimas sonrientes

Un lugar llamado Milagro es la segunda película dirigida por el actor norteamericano Robert Redford, que se ganó con su primer trabajo detrás de las cámaras, Gente corriente, una buena colección de millones y de premios, entre estos últimos dos oscar, uno a la mejor película y otro al mejor director. De esto hace cinco años.Si Gente corriente fue una mina de oro, esta segunda película dirigida por Redford no lo es tanto. Ha dado algún dinero en el opulento mercado interior de Estados Unidos, pero mucho menos del que esperaban sus distribuidores. De ahí el empeño en cargar las tintas publicitarias en los mercados exteriores, donde se presupone que puede ser más rentable.

En Cannes se exhibió y -sin entusiasmar- gustó más que Gente corriente, que vista ahora no sobrepasa la condición de viejo melodrama tópico, pero enmascarasdo detrás de maneras menos rimbombantes y más identificadoras para el público actual que las propias de las películas lacrimógenas de antaño. No se entendió bien el porqué de su relativo fracaso en Estados Unidos, cuando se trata de una película amable y divertida, que se ve con facilidad y cuyo carácter crítico es bondadoso y epidérmico, carente de acritud, ya que está endulzado por una fórmula comercial que se considera en general infalible, en la que Robert Redford combina y mezcla puntualmente varios ingredientes de los llamados de género que raramente han fallado a la hora de provocar colas ante las taquillas y que no ha escocido nunca los ojos de sus destinatarios naturales.

Un lugar llamado Milagro

Dirección: Robert Redford. Basada en la novela de John Nichols. Intérpretes: Carlos Riquelme, Chick Vennera, Ruben Blades, Sonia Braga, Christopher Walker, Melanle Griffith, Daniel Stern, Julie Carmen. Estreno en Madrid: cines Minicines, Rex, Vaguada M-2 y Bogart (en v. o.)

Deudas directas

La sagacidad de este filme de Redford podría radiografiarse así: parece original, no siéndolo en absoluto. Cuando se ve por primera vez da la impresión de tratarse de un asunto inédito, sin antecedentes, pero cuando se la rememora con algo de distancia y frialdad es fácil descubrir en ella deudas directas, tanto argumentales como estilísticas, con otras películas (por ejemplo, Qué bello es vivir y El violinista en el tejado), por no meternos en buscar las equivalencias que existen en la minucia del filme con rasgos muy acusados (sobre todo la acentuación del sentimentalismo mediante la música y el montaje pausado) del cine de John Ford y, sobre todo, de Frank Capra.Un lugar llamado Milagro entretiene siempre y a veces emociona. Fiel a su Gente corriente, Redford se las arregla con elegancia para arrancar sonrisas y lágrimas, usando con buenas armas (o, en el peor de los casos, con trampas o trampillas lícitas) las facilidades que el tierno argumento de la fábula le ofrece para que el espectador se identifique con los personajes, en especial con el viejo campesino chicano que interpreta, maravillosamente, Carlos Riquelme. En realidad, lo mejor del filme son sus actores. Y a esto no puede ser ajena la condición de actor de su director, ya que se percibe en Milagro esa peculiar comodidad que los actores transmiten cuando son dirigidos con solvencia y generosidad por otro actor, que sigue siéndolo incluso cuando, no actuando, hace actuar.

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