Jubilados sin derecho
Hace poco más de un año (fue en junio de 1987), comencé a sentir los efectos de la terrible enfermedad llamada esclerosis lateral (ELA), que me ha dejado en silla de ruedas, con parálisis progresiva, primero de ambas piernas y después de los dos brazos, más tarde de la musculatura bulbar, que apenas me deja hablar.Es mayor aún mi problema ante mi enfermedad: "La medicina es y se encuentra ignorante, incompetente e inoperante". Me dieron de alta en el hospital Primero de Octubre y me despacharon para casa con un complejo vitamínico, que, a pesar de cambiarlo dos veces, no detuvo el rápido avance de mi enfermedad.Me informaron los doctores que los enfermos, en casos como el mío, tienen derecho a que le concedan asistencia domiciliaria o bien a que se pague a la esposa una asignación mensual equivalente al 50% de la pensión del inválido, para que así pueda contratar una asistenta que le ayude. En seguida solicité la mencionada asistencia, y cuál sería mi sorpresa cuando me contestan diciéndome: "Usted no tiene derecho porque cuando se jubiló estaba sano". ¡Así que ese derecho sólo les asiste a los trabajadores que se jubilan por enfermedad!
Después de lo expuesto, que remito a cuanto otorga el artículo 14 de la Constitución, dejo el juicio para los lectores, si es que esta carta se publica.-


























































