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Cartas al director

Los colores del amor

Estábamos tumbados bajo el cielo azul y el amarillo sol de la colorida Dehesa de la Villa.Todos los, días después de clase nos encontrábamos allí; yo tenía 19, ella los rondaba. Tras seis meses de amor entre hierbas, tras seis meses de un verde idilio, tras seis meses de intentar culminar nuestra coloreada relación, osé proponérselo, a lo que ella me contestó con una entrecortada afirmación.

Ambos nos teñimos de rojo, lo que daba al ambiente un mayor nivel de cromaticidad.

Yo, callado, pensaba en lo bonito que es contemplar todos los colores de la naturaleza, en el corazón de una gris metrópoli; ¿todos?... No, me quedaba por experimentar el blanco, que es como se me quedó la cara tras una leve apostilla de ella:

-Pero ahora no, que estoy con el período y no quiero tener más riesgo de embarazo.

Al intentar contener la risa de cómplice y las lágrimas de indignación, aquella, tez blanquecina se me tiznó de morada.

Ella, no sin cierto pudor (porque sabrán que es muy suya para estos temas), me preguntó si había dicho alguna incoherencia.

Yo, no sin cierto reparo (porque sabrán que ante las mujeres, para caballero yo), asentí con la cabeza.

Ella me preguntó sobre su error.

Yo se lo expliqué.

Ella me pidió perdón lamentándose con un vulgar y socorrido ¿qué culpa tengo yo de que no me hayan enseñado?

Yo, que soy todo un caballero, terminé con ella sin necesidad de pegarla por las lamentables muestras de incultura que me demostró.

Entonces empezó a llover, y mi exquisito sentido de la cromaticidad se fue al traste.

PD. Los dos somos universitarios.-

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