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41º FESTIVAL DE CANNES

Suenan los primeros nombres de posibles triunfadores

Pasado el ecuador del festival y visto el poco interés que despertaron las películas de ayer, los miles de profesionales e informadores cinematográficos acreditados en La Croisette dedicaron su tiempo a la pasión festivalera por excelencia: hacer apuestas y quinielas de triunfadores en la noche del día 23. Estas prospecciones, por lo general muy arbitrarias, tienen la virtud de descubrir denominadores comunes sobre el desarrollo del festival y sobre la calidad, o la falta de ella, de nombres y títulos que se consideran aptos para alguno de los premios finales.

Hay un temor bastante extendido a lo que aquí se llama la pialatada: neologismo derivado del apellido del cineasta francés Maurice Pialat, ganador el año pasado no por haber concursado con una buena película, sino por el color azul francés de su pasaporte.La pialatada tiene este año otro nombre: el de chocolatada, derivado del título del filme francés Chocolate, al que muchos medios de comunicación galos, comenzando por las cadenas de televisión, se empeñan con interesada insistencia en considerar el favorito, tratándose de una película menor, de cortos alcances, que nada aporta al cine y que, para colmo, trata con conformismo el espinoso asunto del colonialismo.

Pues bien, si Ettore Scola, presidente del jurado, y los miembros de éste no lo remedian, entra dentro de lo posible que este año tengamos en Cannes otra pialatada. No hay mucho donde elegir, pero esta insignificante película tiene rivales de mucha mayor entidad de ella, como la polaca No matarás, la china El rey de los niños y, aunque este cronista no comparte la apreciación, la argentina Sur, que es la segunda clasificada, después de Chocolate, en las puntuaciones del órgano de la industria cinematográfica francesa Le Film Français.

En cuanto a nombres, no se baraja todavía el de ningún director indiscutible, pero sí se habla de algunos actores, como el italiano Gian Maria Volonté, la francesa Fanny Ardant, el británico Ben Kingsley y, sin haberse visto todavía sus interpretaciones, el austriaco Claus Maria Brandauer y el español Imanol Arias, a causa de su Lute.

Se trata de puras conjeturas que, no obstante, tienen cierto poder indicador: hasta ahora hay muy poco bueno con lo que llenar la lista de premios y sólo quedan cinco jornadas para el final. A no ser que surja en ellas una sorpresa, esa revelación de un nuevo Fellini con que sueña el delegado general de Cannes 88, Gilles Jacob, se va a quedar en sueño decepcionante, es decir, en pesadilla.

Ayer se presentó la segunda película estadounidense a concurso, Miles from home. Su director, Gary Sinise, y su protagonista, Richard Gere, están aquí defendiéndola. Ingrata tarea la suya, pues se trata de un filme literalmente indefendible. Mejor, aunque sin superar la medianía, es la rareza que nos han enviadodesde los antípodas de Nueva Zelanda titulada El navegante. El filme está dirigido por Vincent War, que contiene una idea argumental originalísima, pero por desgracia no bien aprovechada ni llevada a sus últimas consecuencias.

Mientras tanto, se sigue haciendo política: Ripa di Meana, responsable de Cultura de la Comunidad Europea, anunció las primeras medidas concretas tomadas en Bruselas dentro del Año Europeo del Cine y la Televisión. Son éstas: adelantos para estimular la distribución de filmes europeos; agrupamiento de unos doscientos productores independientes europeos; creación en Madrid, en junio próximo, de un centro de inversores en nuevas tecnologías audiovisuales, y el comienzo en Bélgica de un ciclo de formación económica, comercial y técnica para empresarios audiovisuales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de mayo de 1988