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Antonio Gades obtiene el Premio Nacional de Danza

El galardón, que se concede por primera vez, está dotado con dos millones de pesetas

El bailarín y coreógrafo Antonio Gades ha sido galardonado con el Premio Nacional de Danza por su "brillante trayectoria artística" en el baile español. El premio, que se concede por primera vez este año, está dotado con dos millones de pesetas. Gades, madrileño de 52 años, está considerado como un elemento de unión entre el baile tradicional flamenco y la danza moderna. Antonio Gades se inició a los 13 años junto a Pilar López en el teatro Price de Madrid, y su trayectoria profesional le ha llevado a los principales escenarios de Europa y Estados Unidos.

El mundo oficial tiene una deuda tan grande con la danza -considerada hasta ahora indigna de recibir un Premio Nacional- que la primera edición del Premio Nacional de Danza tenía que ser forzosamente polémica. ¿Por qué Gades y no Antonio, o Mariemma, o Pilar López? La decisión parece mostrar una voluntad de premiar a un artista mundialmente reconocido que representa a la vez el enlace necesario con la tradición y el presente en su expresión artísticamente más completa. Desde ese punto de vista, Antonio Gades reúne ese doble valor.

Alumno de Pilar

Antonio Gades es, como tantos otros bailarines españoles, ante todo una creación de Pilar López, la gran bailarina y extraordinaria maestra que se premia indirectamente con el galardón a Gades. Pero el estilo Gades de flamenco teatral -la sobriedad, casi frialdad, en el movimiento; la línea geométrica; la preocupación por dar consistencia coreográfica y espacial al desarrollo tradicionalmente introvertido del flamenco; el uso característico de las manos como prolongación de la línea, etcétera- sólo se completó tras su encuentro con Vicente Escudero, el gran reconvertidor, junto con La Argentina, del flamenco a la escena moderna.Gades ha sido siempre un inquieto, y desde sus primeras salidas al extranjero, a finales de los años cincuenta, no paró de absorber: trabajó con Carla Fracci en la Scala de Milán y con profesores de danza clásica en París, se hizo amigo de pintores -siempre ha dicho que el suyo es Mondrian-, músicos y escritores, y para cuando le llegaron los primeros grandes éxitos -en Madrid primero, con Los Tarantos, y la temporada de la Feria Mundial de Nueva York, en 1964- eslaba claro que Antonio Gades ofrecía una danza española distinta a lo que se hacía hasta entonces, una forma de danza teatral que encajaba perfectamente con el gusto renovado y las inquietudes del público de los años sesenta, y que esto iba más allá de sus cualidades personales como intérprete, en aquel momento en su apogeo.

Desde entonces, el éxito no le ha abandonado nunca, aunque no cuajara -probablemente por problemas que no tenían nada que ver con la danza- como director del Ballet Nacional, puesto en el que apenas duró un año. Con su compañía propia o invitado por grandes compañías de ballet internacionales, Gades ha bailado con frecuencia con el Ballet Nacional de Cuba, llegando a hacer el papel de Hilarión, el novio despechado de Giselle, en el Metropolitan de Nueva York al lado de Alicia Alonso.

Como coreógrafo, Gades ha tenido probablemente más éxito que ningún otro flamenco o de estilo español, desde el Don Juan de 1965 (sobre música de García Abril), que fue cerrado por la censura, pero que le consolidó como una de las posibilidades de romper la mediocridad tradicional de los intentos de hacer coreografía desde el baile español, hasta las últimas creaciones, especialmente Bodas de sangre y Carmen, cuyas versiones cinematográficas con Carlos Saura le consagraron ante un público aún mucho más vasto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de mayo de 1988