CIENCIA

La ayuda de los polacos fue decisiva para instalar una base permanente de España en la Antártida

Uno de los técnicos finlandeses que ayudaron a una expedición española a instalar, a principios de enero, la primera base científica permanente en la Antártida ha llegado a España con material gráfico sobre la base y las primeras impresiones de los nueve expedicionarios. Estos son cinco investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), encabezados por el químico Antoni Ballester, el teniente coronel de Ingenieros Jaime Ribes, que ejerce como jefe de la base, y tres personas más: un radiotelegrafista, un cocinero y un técnico de mantenimiento de la estación.

Una expedición militar española, compuesta por 22 personas, viaja en estos momentos hacia la base española Juan Carlos I, en la isla Livingston, situada en las islas Shetland del Sur, en la Antártida, a bordo del buque chileno Río Baker. Este grupo se encargará de prestar apoyo logístico a la base española y de relevar a quienes en ella se encuentran desde el día 7 de enero. La expedición que se halla en la Antártida partió hacia este continente el 29 de diciembre pasado con el objeto de instalar la primera base científica española permanente y llevar a cabo una serie de investigaciones iniciadas en anteriores viajes. La instalación de la base fue posible gracias a la inestimable colaboración de técnicos polacos y finlandeses, que participaron con material técnico y humano.El grueso del material de la base española se construyó en Helsinki (Finlandia), así como el almacén, vehículos, generadores, bombas, etcétera. En Barcelona se preparó el módulo científico y en Madrid se adquirió la mayor parte del material de equipamiento. Todo este instrumental fue trasladado hasta la isla Livingston en el buque polaco Antoni Garnuszewski, gracias a un acuerdo de colaboración existente entre el CSIC y la Academia de Ciencias de Polonia.

Buena travesía

La travesía desde Montevideo (Uruguay) a la Antártida, que tuvo lugar entre el 29 de diciembre del año pasado y el 7 de enero, discurrió con buen tiempo, relatan los expedicionarios españoles, incluso en el paso de Drake, donde son habituales las grandes borrascas. "Debido a lo avanzado del verano austral", señalan los expedicionarios, "no encontramos hielo ni vimos témpanos hasta el 4 de enero, cuando el buque estaba entrando en el estrecho de Bransfield. Desde la estación polaca de Arctowski, en la isla del Rey Jorge, nos comunicaron por radio que se había producido una gran nevada en la zona y que los vientos eran de 85 kilómetros por hora, por lo que no pudimos acercarnos hacia la base polaca hasta el día 5 al mediodía".Los expedicionarios españoles comentan que llegaron a Livingston el día 8 de enero. Ese mismo día iniciaron las tareas de desembarco del material ayudados por 30 polacos, que además aportaron un vehículo anfibio, dos remolcadores, dos balleneras y un gran pontón. El grueso de la base fue trasladado hasta el punto elegido por medio del vehículo anfibio.

La zona donde está ubicada la base fue elegida el pasado año, durante una acampada en Livingston, por los actuales expedicionarios del CSIC, cuyo jefe científico es el químico Antoni Ballester. La zona es llana y la estación está situada a unos 100 metros de la costa y a 12 metros sobre el nivel del mar. Junto a la base existe un riachuelo, formado por el deshielo de las laderas, que abastece de agua a la estación.

Desembarco

Una de las maniobras más difíciles fue el desembarco del módulo laboratorio, que tuvo que hacerse con la pleamar. Éste quedó finalmente situado a unos 50 metros del núcleo de la base. El día 11 de enero quedó operativa la base y se celebró la ceremonia de izado de las banderas española y polaca. El grupo polaco agasajó a los españoles con una cena, que tuvo lugar en el buque Antoni Garnuszewski Esa misma noche este buque abandonaba la bahía sur de Livingston y dejaba a los españoles completamente aislados en una isla desierta.En días posteriores el grueso de la expedición española se ocupó de preparar los equipos con el fin de dar cominzo a los trabajos de investigación. Estos trabajos han consistido en analizar los silicatos del agua y el hielo de la zona, principalmente.

También se han realizado estudios batimétricos por la zona de Johnson's Dock, cercana a Livingston, y se han recogido muestras de los sedimentos del fondo. Con ello se pretende estudiar el régimen bacteriológico de la nitrificación de las aguas costeras. La estación meteorológica de la base Juan Carlos I es operativa desde el día 18 de enero, por lo que se han iniciado estudios acerca del ciclo del nitrógeno, dada la particular composición atmosférica de estas latitudes.

La base española ha despertado gran curiosidad entre los equipos de distintos países que operan en la zona. Chilenos y brasileños han sido los primeros en interesarse por ella.

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