Crítica:CINECrítica
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Entre el sucedáneo y el 'comic'

Master del universo es una conocida línea de juguetes infantiles de gran éxito, protagonista de una serie de televisión de animación que ahora da título a su entrega en la pantalla cinematográfica e interpretada por actores de carne y hueso.Muy esquemática, sin apenas explicar el origen de la ficción, pues se supone que el espectador, sobre todo el infantil al que va dirigida, la conoce de sobra, con la presencia de los personajes de la serie y con un tratamiento cuya iconografía también recuerda a los sucedáneos galácticos, la acción, como si de un comic se tratara, se sucede plano tras plano, con algunos incisos para el humor.

Desde el planeta Eterna, y gracias a un viaje a través del espacio y del tiempo, y además instantáneo, nos trasladaremos a un pueblo de California donde una pareja de jóvenes y un policía sorprendido asistirán a la aventura que les atrapa. Los protagonistas de la buscada, perdida y recuperada llave cósmica serán los ya clásicos personajes de ficción He-Man (interpretado por Dolph Lundgren, el rival de Stallone en Rocky IV), Skeletor, Evil-Lyn, Gwildor, Man-atArms, Teela, la hechicera, la bestia, etcétera.

Master del universo

Dirección: Gary Goddard. Guión: David Odell. Fotografia: Havania Baer. Música: Bill Conti. Producción: Mahanen Golan y Yorani Globus, 1987. Diseñador de producción: William Stout. Intérpretes: Dolph Lundgren, Frank Langella, Meg Foster, Billy Barty, Courtney Cox, Jarnes Tolkan, Christina Pickcles. Salas de estreno en Madrid: Palacio de la Prensa, Velázquez, Princesa, Bilbao, Consulado, Garden, Victoria, Liceo y Versalles.

Los enfrentamientos, donde la espada alterna con los rayos láser su protagonismo, serán continuos, sin la extinción total del enemigo en cada combate para que éstos puedan repetirse y donde los antagonistas lucharán por la posesión de la fuerza del universo que les dé el poder supremo.

Sin matización, como demuestra la voluntaria utilización subrayadora de la banda sonora, la acción trata de justificarse en sí misma, hilvanada sin esmero con el pretexto argumental, cuyo único fin es divertir y hacer participar al público infantil aprovechándose de su cómplice amor por sus familiares ídolos de juegos.

La película, cuya única aportación al género es la recreación en la pantalla de los famosos personajes, pasa sin pena ni gloria por nuestras retinas, sin promover tan siquiera el rechazo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 20 de diciembre de 1987.

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