Crítica:CINECrítica
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Joya recuperada

La llegada a nuestras pantalla de la versión íntegra -y afortunadamente en versión original- de Las dos inglesas reviste carácter de estreno y también de recuperación. A la censura habitual de la pasada época hubo que. sumar la que admitió el realizador francés en 1971 por recomendación comercial para facilitar al distribuidor ofrecer un pase diario más, circunstancia que su metraje original de 132 minutos no posibilitaba.El título, ahora recuperado en su totalidad, es uno de los que mejor ejemplifican sus obsesiones y constantes, y un verdadero ejercicio de estilo. En él Truffaut adaptó la novela de su admirado Henri-Pierre Roche cuya novela Jules et Jim utilizó 10 años antes para la película del mismo título. La historia romántica de Las dos inglesas es una historia de amor y de amores que aúna la intelectualización espiritual del mismo, sin eludir su componente físico. En esta ocasión, y según las propias declaraciones del cineasta desaparecido, exprimió el amor como si de un limón se tratara. Los viajes, encuentros, separaciones, reflexiones, con la presencia del despertar a la vida, y también de la muerte, que marcan el transcurso del filme están tratados con cierto distanciamiento y gravedad.

Las dos inglesas

Dirección: François Truffaut. Guión: François Truffaut y Jean Gruault.Fotografía: Néstor Almendros. Música: Georges Delerue. Productor: Claude Miller. Producción: Francia, 1971. Intérpretes: Jean-Pierre Leaud, Kika Markham, Stacey Tendeter, Sylvia Marrot, Marie Mansart, Philippe Leotard. Estreno versión íntegra: Madrid (en versión original), cine Bogart.

El continental Jean-Pierre Leaud, que siempre será la prolongación de Antoine Doinel, y por tanto del propio director, encarna al francés algo egoísta y a veces cruel que mantendrá el romance con las dos hermanas inglesas, puritana y sublime una, extravertida y realista la otra.

Pero también fueron muchas otras las constantes que el autor incluyó en esta adaptación de Henri-Pierre Roche. En este homenaje a uno de sus autores preferidos se dan cita los libros, las cartas, los diarios, su amor por Balzac y también la paternalidad asumida del educador.

Formalmente, el iris, el primer plano, y sobre todo una cámara que se mueve como pez en el agua entre los tabiques y se sitúa con naturalidad y funcionalidad inaudita en las escaleras, vuelven a ser utilizados 'con clasicismo elegante en una narración cinematográfica donde la fotografía de Néstor Almendros se presenta como la prolongación natural del tono argumental, al que dan ida unos actores con los que Truffaut apretó las clavijas del matiz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0010, 10 de diciembre de 1987.