Tortura musical
En un viaje reciente de Valencia a Madrid teníamos un poco más arriba de nuestra cabeza el consiguiente altavoz, que estuvo durante horas bombardeándonos con música chabacana y películas de vídeo sin poder evitarlo, pues todos los asientos tienen encima el correspondiente altavoz. Podemos llamar a esto tortura musical.
En Benidorm y otros lugares no hay cafetería que se abstenga de poner la música por todo el local, ni empresa de espectáculos que no anuncie a voz en grito por las calles. Las quejas de los vecinos de nada sirven. La solución es mudarse, cosa que mucha gente ha hecho.
Actualmente se está discutiendo una ley contra ruidos. Sería bueno que los legisladores tuvieran en cuenta estos graves males.
Convertir a todo un país en una discoteca a ritmo de chimpún es lo que nos espera si las autoridades no intervienen.-
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