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CARTAS AL DIRECTOR

No al bilingüismo

Soy valenciano de habla catalana; mi ciudad, Gandía, nunca ha sido una ciudad bilingúe en la práctica. Siempre hemos utilizado el valenciano como vehículo normal de expresión en la calle, en casa. Campañas orquestadas desde hace años y desde todas las instituciones del Estado, en las que, de hecho, se da un trato preferencial al que habla español, han intentado imponer el castellano en las escuelas y en la Universidad, y lo están consiguiendo.Se ha hecho creer al pueblo valenciano que su lengua es un vestigio del pasado y se le ha mantenido en el analfabetismo respecto de su lengua y su historia.

Se ve asediado con razonamientos del tipo: "No hable va-

lenciano, no tiene ningún futuro, es un atraso; si, queremos ser europeos, hay que hablar en castellano".Esto me recuerda aquella frase: "Obligad a los negros a limpiar zapatos y acabaréis creyendo que los negros sólo sirven para limpiar zapatos". Algo parecido ocurre con el catalán en el País Valenciano. En los últimos años, y como consecuencia de lo que he expuesto, un fuerte proceso de sustitución de nuestra lengua por la castellana amenaza nuestros derechos como minoría lingüística. Desprovistos de medios que aseguren la supervivencia de nuestro idioma tales como Prensa, televisión, enseñanza en valenciano, se: está cavando la tumba para los catalanohablantes. Y el bilingüismo, como lo entienden aquí, en la práctica sirve para, que un valencianohablante hable en castellano cuando le preguntan en castellano, pero no para que un castellanohalblante hable en catalán en la misma situación.

Por eso, no creo que el bilingüismo sea el mejor medio para conservar el valenciano. Contaré una anécdota que tal vez explique mejor mi creencia. Llevaba un capitán de la República toda la vida exiliado en Francia sin saber ni jota de francés, y decía: "Coño, llevo 20 años viviendo en este pueblo y estos franchutes todavía no saben español". Puro imperio.-

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* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de julio de 1987