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REPORTAJE

Oscar Arias cree llegada la hora de hacer las paces con Nicaragua

El presidente costarricense llega el martes a España

Óscar Arias Sánchez, presidente de Costa Rica, un pequeño país de 2,5 millones de habitantes que antaño fue bautizado como la Suiza de Centroamérica y hoy lucha por evitar verse sumergido en la crisis económica y política de la región, llega el día 12 a Madrid en visita oficial con el último plan para resolver el conflicto de Nicaragua por vías diplomáticas bajo el brazo. Durante casi un mes, este político de 45 años, tímido, intenso, reflexivo, con bagaje intelectual y algo terco -según los que le conocen bien- presentará su plan en Europa.

El presidente de Costa Rica, Óscar Arias Sánchez recabará en Europa el apoyo de líderes tan diversos como Felipe González, Margaret Thatcher y Helmut Kohl para su plan sobre Centroamérica, convencido de que "la paz tiene una hora y que su búsqueda ya no puede seguir dilatándose en incontables reuniones". Arias, que llega el martes a Madrid, se puede permitir una ausencia de casi un mes de su país sin temor a que un militar intente sustituirle. Costa Rica no tiene ejército. "Nuestro único ejército son 35.000 maestros", afirma orgulloso el presidente. Arias llegó a la presidencia de la república prometiendo la paz y diciendo que quería ver a sus hijos caminando con una cartera bajo el brazo y no con un fusil encima del hombro. "Y quiero cumplir con eso".En una entrevista con EL PAIS en la casa presidencial de San José, un búnker de cemento con un estanque interior que constituye un mal remedo de la arquitectura oficial de Brasilia, óscar Arias se manifestó pesimista sobre la suerte de su plan de paz. Citando a Oscar Wilde en La balada de Reading -Arias es un anglófilo educado en la Universidad de Essex y en la London School of Economics-, el presidente costarricense se quejó de que ningún país se atreve a enfrentarse directamente a su propuesta, pero "los valientes matan con una espada, pero el cobarde lo hace con un beso". Arias, un socialdemócrata cuyo héroe político es John Kennedy, no quiso identificar a los cobardes de esta historia.

El plan Arias -un Contadora simplificado y despojado de sus aspectos más conflictivos, que pone más énfasis en la democra cia que en los aspectos de seguridad y militares- ha alcanzado amplia fama en Estados Unidos, donde se ha convertido, prácticamente, en la alternativa de los demócratas -que hasta ahora carecían de respuestas propias y casi siempre acababan dejándose torcer el brazo por la Casa Blanca- a la política beligerante de Ronald Reagan hacia Nicaragua.

Propone un alto el fuego, seguido de una amnistía, el cese del apoyo norteamericano a la contra y negociaciones democráticas entre los sandinistas y la oposición interna. Y para no quedarse en agua de borrajas fija plazos al proceso pacificador. El Senado norteamericano aprobó la esencia de su plan por 97 votos contra uno.

Incluso el proyecto de Óscar Arias puede ser finalmente capitalizado por Reagan, quien, envuelto en el Irangate, necesita aparecer ante el Congreso con una imagen dialogante y partidario de la diplomacia. Esta es la única posibilidad de conseguir el próximo otoño en el Congreso nuevos fondos para la contra.

Insistencia en la democracia

"Estados Unidos aplaude esta iniciativa y apoya sus objetivos generales". Para el presidente lo más importante del plan es su "insistencia en la democracia para Nicaragua", pero Washington rechaza el cese del apoyo a la contra y considera inadmisible que el plan no obligue a los sandinistas a reducir su ejército. En compensación, permitiría a EE UU, a diferencia de Contadora, seguir utilizando Honduras como portaviones yanqui en Centroamérica.Arias no quiere provocar grandes expectativas y teme que no salga nada en limpio de la reunión de los presidentes centroamericanos, del 25 de junio en Esquipulas (Guatemala), acaso únicamente la convocatoria de elecciones para un Parlamento centroamericano. "Yo no quiero darle largas a esto". Hay un sentido de urgencia en lo que propongo. Sería burlar el diálogo y la negociación seguir hablando y hablando sin llegar a un acuerdo". En ese caso cree que su propuesta habrá muerto.

óscar Arias procede de una de las familias de la oligarquía cafetalera, con la importante salvedad de que en Costa Rica los oligarcas no son lo mismo que en El Salvador o en la Nicaragua de Somoza. Desde que tenía cinco años, lo cuenta su maestro, el pequeño óscar ya quería ser presidente, para lo que se preparó metódicamente. Incluso se dice en San José que eligió como esposa a una perfecta primera dama que le pudiera ayudar políticamente.

Preside, sin policías de escolta ni aparato de poder alguno, sobre un país que aunque no pueda ya considerarse la Suiza de la región (soporta una deuda externa de 4.500 millones de dólares, que no paga, una de las más fuertes per capita después de Israel y Nicaragua, sobre la que está a punto de llegar a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional) continúa siendo un oasis de sosiego, bienestar y civilidad en una zona militarizada y en abierto conflicto civil. Aquí no hay guerrilla, por no haber tampoco hay ejército (una guardia civil rural hace las veces de fuerza de seguridad), y existe una clase media que hace improbable un estallido social. Tampoco hay sentimiento antínorteamericano ni la tensión de clases tan patente en Guatemala o El Salvador.

Arias, que tiene algo de Felipe González en su manera de hablar en círculos y en su tendencia a la pedagogía política, se manifiesta preocupado por todo el apoyo verbal que está consiguiendo su plan de paz, algo que también ocurrió con Contadora, en cuyo espíritu se enmarca su propuesta. "Nadie, lógicamente, se opone a un plan de paz y todo el mundo escoge de la propuesta los aspectos que le convienen". Está dispuesto a negociar algunos de sus aspectos, pero no su esencia porque, afirma, "la democracia no es negociable".

"Siempre fui adversario, como mi partido, de Somoza. A José, don Pepe, Pigueres, le invadió dos veces mientras fue presidente de Costa Rica, y por eso el pueblo costarricense se identificó inicialmente con la insurrección sandinista. Les facilitamos territorio para que hicieran su revolución. Por eso le doy el énfasis al aspecto de democratización en mi iniciativa".

Liderazgo en la región

Costa Rica, la idílica república rural que ha vivido de ser la única democracia constante y real en Centroamérica recibiendo dinero a cambio de Estados Unidos y Europa, quiere ejercer ahora un papel de liderazgo en la región. Arias se tiene que enfrentar, en el interior del país, a una opinión pública celosamente antinicaragüense, por razones históricas no derivadas únicamente del régimen sandinista."El plan Arias posibilitará la consolidación de los sandinistas en el poder", dijo a EL PAIS el director de La Nación, el principal periódico del país y de Centroamérica, Eduardo Ulibarri. Hasta ahora su plan tiene un fuerte apoyo interno, incluido el del partido de la oposición y se beneficia de la imagen de líder regional que confiere a Costa Rica.

Arias camina por una cuerda floja y sin red. Existe el peligro de que, en Esquipulas, sólo Nicaragua, que en principio había rechazado la propuesta de Arias, se sume al plan costarricense. Esto provocaría serios problemas ínternos a Arias. El presidente tico, jugando constantemente con su anillo de boda, se negó a explicar para EL PAIS las posiciones de los países centroamericanos por motivos de prudencia diplomática. Ha enviado emisarios a todos ellos y ha reestablecido un diálogo roto con Managua. Incluso es posible que Daniel Ortega retire la denuncia por violación de los derechos humanos presentada contra Costa Rica en el tribunal internacional de La Haya por la utilización de su territorio por los contras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de mayo de 1987