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EL PONTÍFICE, EN EL CONO SUR

Juan Pablo II pronuncia en Argentina la condena del divorcio más dura de su pontificado

JUAN ARIAS ENVIADO ESPECIALJuan Pablo II pronunció ayer en Córdoba, la ciudad más católica de Argentina, la condena más fuerte del divorcio de todo su pontificado, durante una misa solemne concelebrada por más de 200 religiosos, entre obispos y sacerdotes. La misa se celebró en unas instalaciones industriales de las fuerzas aéreas dedicadas a la fabricación de aviones. En vísperas de la legalización del divorcio en este país, el Papa llegó ayer a decir que si no se exige fidelidad al matrimonio, una fidelidad, subrayó, que debe ser hasta la muerte, "¿por qué exigir al hombre la lealtad a la patria, a los compromisos laborales, al cumplimiento de las leyes y contratos?".

El Papa, que ya había dado a entender que no puede haber paz en una nación en la que no se respete la estructura del matrimonio, añadió en Córdoba: "Nada tiene por ello, de extraño que la difusión del divorcio en una sociedad vaya acompañada de una disminución de la moralidad pública en todos los sectore".Que Juan Pablo II quiso hacer de este discurso el eje de su peregrinación argentina lo demuestra el hecho de que, como introducción a su condena del divorcio, usó la fórmula solemnísima que los papas suelen emplear cuando proclaman un dogma de fe. Tras haber dicho que "el misterio del amor divino, que nos ha sido revelado en Cristo, permanece irrevocablemente en la historia del hombre y nadie lo puede desarraigar ni quitar", el papa Wojtyla gritó: "El amor procede de Dios".

Y añadió el Papa: "A la luz de esta verdad salvadora, doy la bienvenida a todas las familias de Argentina. Como obispo de Roma y sucesor de Pedro, cumplo en este día mi servicio pastoral, rezando por la familia junto con vosotros: maridos, mujeres, padres e hijos. Cumplo este singular servicio en presencia de los pastores de la Iglesia que están en Córdoba y en toda Argentina. Saludo asimismo a todos los sacerdotes, religiosas y religiosos y a todos los fieles y a cuantos se dedican en nombre de Cristo a difundir entre las familias esa gran verdad: el amor procede de Dios".

Juan Pablo II volvió a gritar: "¡El futuro de la humanidad se fragua en la familia.?". Y continuó: "El verdadero amor no existe si no es fiel, y no puede existir si no es honesto". Tampoco existe, insistió, pacto conyugal verdadero "si no hay de por medio un compromiso que dura hasta la muerte". "Sólo un matrimonio indisoluble será apoyo firme y duradero para la comunidad familiar que se basa precisamente en el matrimonio", añadió.

Y prosiguió, planteando una especie de desaflo: "Oponéos, pues, resueltamente, con vuestra palabra y con vuestro ejemplo, a todo intento de menoscabar el genuino amor matrimonial y familiar". Como en un himno que repite sus estrofas para decir lo mismo con palabras diversas, el Papa dijo aún: "No admitir que el amor conyugal puede y exige durar hasta la muerte supone negar la capacidad de autodonación plena y definitiva; equivale a negar lo más profundamente humano: la libertad y la espiritualidad".

Los asistentes se fueron calentando y aplaudían siempre con mayor fuerza. "Desconocer estas verdades", insistió el Papa polaco, "significa contribuir a socavar los fundamentos de la sociedad".

En Córdoba, a 800 kilómetros al noroeste de Buenos Aires, el Papa no dejó siquiera en el tintero la condena de los anticonceptivos y de la fecundación artificial. El Papa acabó tocando el tema que quizás, más que el mismo divorcio, preocupa a la conservadora y rica jerarquía argentina: el del derecho a la educación y la libertad de elección de escuela, "sin sufrir", dijo, "trabas administrativas ni economicas por parte del Estado".Ausencia de Alfonsín

Aún no ha sido aclarado por qué el presidente argentino, Raúl Alfonsín, no asistió el martes a los actos de Viedma como estaba previsto. Algunos piensan que podría deberse al hecho de que, conociendo de antemano los discursos del Papa, no le habría gustado, no sólo la primera condena del divorcio, sino, sobre todo, el hecho de que lo hubiese abordado junto con la tortura, como si se tratase de dos cosas parangonables.

El hombre metálico

Los cordobeses, considerados como los andaluces de Argentina, han definido con humor simpático al papa Wojtyla como el "hombre metálico" porque dicen que tiene "los cabellos de plata, el corazón de oro y los testículos de plomo".Violenta ha sido la anécdota que le ocurrió en Buenos Aires al fotógrafo Marcelo Setton, de la agencia DYN. Bregado en luchas de todo tipo para sacar sus fotos, nunca hasta ahora había tenido que pelear contra un eclesiástico. El Papa salía de la nunciatura. Hubo un revuelo de cámaras. El fotógrafo quiso ponerse más cerca del Pontífice de lo que le gustaba al primer consejero de la misión diplomática, monseñor Hans Schweinmer, un hombre joven, alto y fuerte. Éste cogió a Setton por la solapa de la chaqueta inmovilizándole. El fotógrafo pidió ayuda a un policía, pero el agente no quiso intervenir "por miedo", dijo, "a tener que zamarrear al monseñor", quien con un fajín colorado parecía un obispo.

Setton quiso sacarle por lo menos una foto de recuerdo al fornido religioso en su mismísima cara. Pero el eclesiástico se abalanzó sobre el reportero, lanzando un derechazo formidable que, para fortuna del agredido, se estrelló contra la cámara fotográfica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de abril de 1987

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